La distinción mujer-hombre me resulta difícil de entender, creo que primero somos seres humanos, con sentimientos, que sufrimos, deseamos, amamos. Sin embargo se festeja nuestro día, “Día de la mujer trabajadora”. En este día se revive la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre y en su desarrollo integro como persona.
Mujer que pelea, que siente, que trabaja. Mujer que enseña, vive, siente, piensa, acompaña. Mujeres que no renuncian a un lugar mejor en este mundo. Que se comprometen en la pelea diaria para defender a otras compañeras. Estás mujeres son las que se merecen este día. El reconocimiento a ponerle el “pecho a las balas” y salir adelante.
Yo quiero sentirme mujer libre, un ser humano igual al hombre. Mujer y hombre en la misma pelea, por un mundo justo y libre.
Cada etapa de nuestra vida es diferente, sentimos diferente y reflexionamos diferentes. Niñas, jóvenes, adolescentes, adultas, ancianas. Hoy en una etapa especial en mí, 25 años que empiezan, me toca reflexionar sobre lo que viví y vivo como mujer.
Enfrentarme a crecer, a tomar responsabilidades. La presión de demostrar que puedo hacer “más de dos cosas a la vez”, que puedo encargarme de mi casa y trabajar afuera. Que no solo quiero casarme y ser madre, también quiero realizarme profesionalmente, sentirme parte de un proyecto transformador.
Igualdad de condiciones para todos y todas, desde que nacemos hasta el final. Basta de juzgar con el dedo a la adolescente-madre, a la adulta-sin hijos, a la que realiza su vida profesional y no familiar como “alguien dijo que tiene que ser”. Soy mujer que elije, que tiene esa oportunidad y debería ser igual para todas. Nadie nos dice cómo es, se aprende todos los días. Traemos-junto al hombre- a seres humanos a este mundo, aprendemos con ellos y crecemos al mismo tiempo.
Hoy y como debería ser todos los días, festejamos la igualdad. Yo siento que festejo eso. Como mujer que todos los días enfrenta desafíos nuevos, que muchas veces cargamos, como si fuera malo, ser mujer. Porque nos miran cómo objetos, porque nos desaniman en proyectos, porque nos insultan sin conocernos y en realidad después de todo no somos tan diferentes hombres y mujeres.
Por María Mellace Parada / Estudiante de Comunicación
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