No siempre el Estado tiene en sus manos la única posibilidad de ofrecer alternativas de cambio ante los dramas sociales. Así lo demuestran quienes llevan adelante a la fundación Alborada, motor de iniciativas que apuntan a mejorar la delicada situación de los chicos de la Costanera, una de las zonas más marginadas de la provincia.
El miércoles, para una veintena de estos pibes no fue un día más. Por primera vez en sus vidas tuvieron la posibilidad de elegir camisetas y botines para dejar de jugar descalzos al fútbol. Muchos de estos chicos cambiaron el paco por el deporte. Las esquinas dejaron ser el punto de encuentros por las canchas del barrio. Ahora integran un equipo y se sienten parte de un proyecto. Desde el fútbol, comenzaron a darle un objetivo a sus vidas.
El origen de esta lucha encarada por Alborada comenzó hace un año. Según cuenta Adrián Cinello, profesor de educación física, la fundación presentó y ganó con su proyecto el concurso nacional “Nuestro lugar”, de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
La iniciativa, elevada a la Nación con un video adjunto, contempla no sólo la inserción de estos chicos de entre 12 y 18 años a la actividad deportiva como alternativa al flagelo de las drogas tan tristemente característico de la Costanera. El proyecto también abarca la inserción de los chicos a actividades artísticas como la plástica y la música, a cargo de Wilfredo Acuña Pérez y Elías Pérez, respectivamente.
A partir de este logro, se obtuvieron 20 mil pesos que sirvieron para comprar el calzado y la indumentaria del equipo. “Gracias a esto, se va consolidando un sentido de pertenencia entre los chicos. A tal punto, que eligieron retratar en las camisetas, a modo de homenaje, la cara de un compañerito que falleció hace poco. Ellos mismos decidieron enterrarlo junto a los trofeos que el equipo había conseguido”, recordó Cinello.
Un trabajo de hormiga para cambiar un mundo
Se estima que entre las tres áreas de trabajo desplegadas en la zona más de 60 adolescentes se acercaron a darle “un sentido diferente a sus vidas”, según razona Cinello, el “profe” como lo identifican estos chicos, muchos de ellos dependientes de las monedas diarias que consiguen por la venta de cartones o la cosecha de limones.
En paralelo, este trabajo cuenta con el respaldo de los sicólogos Libertad Balsa y Matías Iraidini Taboada, complemento indispensable en este proyecto de integración social.
“El deporte y el arte funcionan como una salida para estos chicos. Desde aquí, una vez que se suman a las actividades los motivamos para que vuelvan a la escuela, a la vez que se trata de inculcarles una serie de valores. Como el respeto y determinadas normas de disciplina que aporten a su formación”, reflexionó el entrenador.
“Tan importante es este sentido de pertenencia a un proyecto que ellos mismos se dan cuenta que, para competir contra otros equipos, no tienen que drograrse. Es una lucha constante frente a una realidad muy dura donde hay una notoria carencia de afecto. Incluso, entre ellos se alientan a dejar las drogas para estar mejor al punto que se impusieron el lema: `a la cancha entremos sanos y salimos sanos´, explicó con orgullo Cinello.
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