El hombre investiga sobre una corriente pictórica y en base a eso produce una obra y agrega “del surrealismo una de las cosas que me ha parecido más interesante que hace que veas lo cotidiano como extraño”. A Martín siempre le ha gustado escribir pero llega al teatro cuando, casi niño, en la Iglesia Evangélica de Yerba Buena -que frecuentaba- le dan un espacio para que presente un sketch –“no era de carácter religioso”- que hace con su hermana. Por la buena repercusión, esto sigue. Contratan a un profesor que le dé clase al que quiera dentro del templo. Contratan a Ricardo Podazza y le devela la pasión. “Pocas novias y mucho tiempo” lo convierten en un escribidor constante. Sin animarse todavía al teatro recorre Letras y en menos de un año emigra al diseño gráfico que tampoco lo satisface. Vende artesanías hasta que “se hace cargo” y entra en la facultad para egresar como Interprete Teatral y toma el rumbo que le venía guiñando la pasión.
El humor -presente en sus obras- le viene de familia, “es una cuestión de ambiente familiar, mi familia tiene mucho humor, mucho chiste, bromas entre nosotros, códigos internos, toda esa cosa”. Hijo de un ingeniero agrónomo y de una directora de escuela, siempre lo alentaron en todos sus emprendimientos. Expresa por esto superlativa gratitud. Abreva en su adolescencia, con un grupo de amigos, en Les Luthiers, consume Fontanarrosa, Quino y varios comics, “siempre me tiró eso del humor”, confiesa.
Su primera obra de teatro es Terapia, Comedia en Tres Sesiones y un Diagnóstico. “Escribí otras antes pero eran muy intentos, muy experimentación y ahí yo lo que buscaba era descubrir si efectivamente el humor en el teatro era lo mío, quería probar a ver si funcionaba. Que no fuera el humor por el humor, un chiste detrás de otro sino que fuera una historia”.
¿Qué función cumple el humor dentro de tu obra? Y… es fundamental porque tiene incluso mucho que ver con la relación con el público, el gags, el chiste la asociación tiene mucho que ver con la reacción del público. Es un diálogo. Uno piensa algo y como el humor es un mecanismo que uno organiza un mecanismo con ciertas pautas que uno entiende el espectador las va a hacer funcionar, la va a armar, las va a decodificar lo que quiere decir y eso le va a provocar humor entonces yo estoy proponiendo algo, el espectador lo tiene que aceptar, tiene que hace un pequeño esfuerzo intelectual que cuando le cierra: se ríe. Entonces es un diálogo que empieza tres o cuatro meses antes cuando empiezo a escribir la obra y termina cuando termina la función y el público se ríe. Pero ahí yo siento que me estoy relacionando con el público que el público se está relacionando conmigo. Entiende lo que quiere decir, por la dinámica, o por la mecánica. Yo siento que lo entiendo al público, que tipo de cosas lo movilizan, que tipo de cosas no sólo le provocan la risa sino ese aaahhh, ese ¡aaahhh cierto!, es verdad, es así. Eso es más complicado todavía y cuando se tienen las dos cosas, esa risa pero que no solamente se está riendo sino con mi risa estoy avalando tu concepto. Eso está bueno es más complicado.
¿Cuál es el mensaje que vos crees que el público debería tomar de tus textos? Siempre estoy buscando, aunque no sea por el lado del humor, ofrecerle algo al público. Que nos entendamos desde algún lado o sea un trabajo, puede no tener humor, pero apunto a que tenga giros ingeniosos, que no es un chiste pero que es más o menos lo mismo una serie de mecanismos que el público los tiene que recibir después de un pequeño trabajo intelectual para que tenga un cierre, para que resulte. Yo no creo que el público tenga que buscar algún mensaje sino se tiene que ir con una actitud trabajadora, con una actitud activa. Que vaya a entretenerse, a pasarla bien hasta ahí estamos de acuerdo. Pero que también el público ponga la actitud de buscar y de escarbar en la historias o en lo que yo le di para encontrar algo más y buscar a ver que le provoca a ver si está de acuerdo conmigo o no.
¿Qué es lo que buscás cuando empezás a escribir?
Yo pienso mucho en el público, lo tengo muy presente. Cuando escribo pienso cuáles van a ser los actores y pienso cómo va a funcionar con el público, porque el público es parte de la obra de teatro, no es que sea un elemento extraño. Los elementos en una obra de teatro son: el texto, los actores y el público es así todo es la misma cosa. Entonces por un lado lo que yo me pido es tener una relación honesta con el público. Escribo cosas que me movilicen, que me interesen, que me inquieten, trato de no escribir lo que yo sé que va a funcionar y por eso voy por ahí, trato de ser honesto conmigo mismo y tratar de jugar de ir un poquito más allá de probar cosas que no he probado.
¿Qué tenés que ver vos con la terapia? Por un lado la psicología siempre me resultó interesante pero aparte en esa época mi novia -que ahora es mi esposa- ella estaba estudiando psicología y generalmente cuando yo la iba a visitar mientras ella estudiaba yo escribía. La ayudaba a estudiar y el mundo de la psicología me pareció siempre muy interesante.
¿Vos le devolvés al público algo con Terapia? No, ese texto fue bastante lúdico para mí. Era jugar un poco. Por un lado jugar con lo concreto y lo correcto de esta ciencia. Pero por otro lado, jugar con el imaginario que tiene el espectador sobre qué es la psicología. Ahora es muy común pero a esta obra la estrené hace como 10 años –creo- y estaba todavía flotando ese imaginario el ¿qué pasa puertas adentro?, ¿qué pasa en el diván, de qué se habla? Van porque están locos y ese tipo de cosas entonces me parecía divertido jugar con eso. Me parecía divertido jugar con esa curiosidad, esa incógnita me pareció que iba a encontrar una conexión, una complicidad con el espectador pensé que iba a despertar el interés.
¿Desde dónde pensás que lo vas a captar al público? Desde el respeto. El primer paso es largar a horario ¡es una pavada! pero es una cuestión de respeto con el público. De que la sala esté en condiciones, de que esté limpia va a ser la más cómodo posible. Todo ese tipo de detalles son muy importantes. Vos podés tener un espectador que puede ser que no le guste mi trabajo y bueno: puede ser. Pero el tipo va a salir y va a decir a mi se me trataron con respeto.
¿Cuándo has escrito Medio Pueblo, pensabas en el actor? Sí, totalmente. Además estamos conformados como grupo con Gabriel Carreras y Pilar Romagnoli, que es la chica que es asistente de dirección y que aparte es una pieza invaluable del equipo. Yo sabía que estaba escribiendo para Gabriel y en la mayoría de los casos aunque no sea gente del grupo yo voy pensando en el actor.
¿Cómo conjugas los tres elementos que componen la puesta: vos la escribís, el director la interpreta de una forma y el actor de una tercera? Uno tiene asumido que el texto que está en papel no va a ser el mismo que el que va a ver el público. Se va a parecer muchísimo pero no es el mismo y en Medio Pueblo pasó –como vos decís- el director agarró el texto y modificó algunas cosas porque te das cuenta una cosa es la teoría y otra en la práctica y Gabriel también hay cosas que ha modificado que estaban bien buenas. Uno ya tiene asumido eso. Hay cosas de lo más sencillas. Cada actor tiene su musicalidad y su ritmo. Entonces yo cuando escribo los textos los voy leyendo en voz alta para ver porque hay cuestiones de ritmo natural que hay que respetarlos.
¿Y de los “morcilleros” cómo te salvas? No, no. Yo no tengo “morcilleros”. Yo no trabajo con morcilleros. Al contrario, trato de que el trabajo sea muy preciso. ¡Ojo! No tengo problemas con los aportes del actor, en muchos casos me ha pasado hay actores que me tiran así para cambiar y ellos me corrigen una frase y está bueno y es mucho mejor de lo que yo escribí.
El morcillero trata de impactar La morcilla es para impresionar al espectador. Para impresionar al espectador yo me esfuerzo en mi calidad como actor porque no queda otra. La morcilla es para caerle bien, yo actor al espectador: no yo personaje. Y no funciona así.
¿Qué ha pasado con tu última puesta “Los Autoiluminados” que ha tenido tanto éxito?
No estoy muy seguro. Yo me exijo jugarme, probar cosas que no me he probado. Es una de las obras en que más me jugué porque trabajé mucho desde lo emotivo, lo que me más moviliza a mí pero casi a un nivel abstracto. Esa abstracción darle la forma de escena era como complicado entonces tenía que trabajar con una forma como mucho más libre. Por empezar no atarme a una estructura dramática muy convencional sino tenía que probar otras cosas y la obra es como bastante surrealista por eso yo generalmente cuando escribo investigo sobre una corriente pictórica y en base a eso escribo.
¿Qué haces para construir un texto emotivo? No es que yo me propongo escribir algo emotivo y emocionar al público sino solamente uso mi emoción para construir algo y lo que hago es digamos uno tiene ciertas cosas que te hacen vibrar una fibra o lo movilizan entonces uso eso como una brújula. La escena que estoy escribiendo si me hace vibrar una fibra voy por ahí. Así de sencillo. Si siento que estoy escribiendo y empiezo a seguir una línea ya no lo siento igual no es por ahí, vuelvo para atrás corrijo y busco.
¿Vos tenes en cuenta que va a sentir el público? Sí totalmente. Por un lado eso yo si trato de escribir emocionalmente –digámoslo así- pero por otro lado trato a eso de darle forma de un texto y de una historia. Mi idea no es de que el público reciba una enseñanza de mi, ni ninguna moraleja, ni nada. El hecho de escribir no me autoriza de aleccionar a nadie. Pero sí es dar una experiencia fértil que el espectador la reinterprete desde su historia, desde su necesidad y le dé algo para después, para cuando salga del teatro.
¿Qué te da el surrealismo para incorporarlo en la obra? Fundamentalmente como te decía yo estaba escribiendo desde lo emotivo y traté de liberarme mucho en cuestiones de estructura. Entonces evidentemente eso me va a dar una estructura fragmentada. Y me pareció que el surrealismo se ajustaba a nivel literario, digamos a una estructura fragmentada, mucho más libre mucho más poética porque coincidían las dos cosas encajaban las dos cosas.
¿Cómo surge Los Autoiluminados? Creo que es un poco de enojo que yo tenía pendiente de ese fatídico diciembre de 2.001, con saqueos y todas esas cosas. Eso me prendía, eso de vecinos saqueando vecinos. Una cosa es meterse en esos súper gigantes en que la gente se metió, bueno, es una multinacional, es como más impersonal pero esa cosa de un vecino metiéndose en el almacén del vecino donde el día anterior había ido a comprar yerba, pan y habían conversado sobre cualquier cosa. Eso me parece increíble entonces la reflexión a la que me llevaba era a que todos somos soretes –me tomo una licencia poética- es que todos tenemos diferentes límites. Algunos son mejor personas porque sus límites hacia la “soretificación” está como más lejos, nada más. Entonces pasando ya el enojo de esa emoción primitiva y decir ¡qué hijo de puta como le van a ir a saquear! llegó la curiosidad de decir bueno ¿qué historia previa? Cómo están constituidas estas personas que el día anterior eran buena gente y al día siguiente son saqueadores, por eso durante toda la obra juego con la historia previa de estos dos personajes. O sea cómo es que han llegado hasta ahí. Una de las conclusiones a las que llegué o por lo menos, las que prefiero tomar como más fuertes, es que es producto del miedo. Hay como un miedo instalado, como un miedo explotado que fuerza justamente el límite del “soretismo” es la explicación. La idea es repensar algunas cosas, o darles una dimensión que no tienen o una perspectiva que no tienen. La idea es que el inconciente deje de ser algo abstracto y se transforme en algo muy concreto donde sirve por un lado como un personaje sin exclusiones pero por otro lado, representa mecanismos internos que tenemos que no necesariamente funcionan bien. No funcionan como a nosotros nos gustaría.
Ese inconciente funciona bajo cierta reglas pero no son lo mejor para nosotros. Por eso darle forma concreta a cosas abstracta o sea que la hipocresía tenga forma de algo, que la verdad tenga forma de algo, que el miedo tenga forma de algo creo que nos hace repensarlo, reubicarlo. Una de las cosas que me ha parecido más interesante que veas lo cotidiano como extraño. Es normal vos lo ves -y vos decís- yo a esto lo conozco pero tiene otra forma, pero es lo que yo conozco. Entonces eso que podamos repensar, reveer las cosas de otra manera y que lo cotidiano nos resulte extraño porque a veces lo cotidiano es tan cotidiano que lo dejamos de ver. Hay que cambiarle la forma para que lo podamos volver a ver. El peso de los padres uno de los temas de la obra. Es qué nos heredan los padres porque a los dos personajes –que son parecidos- tienen sus problemas: a los dos, los padres les han heredado el miedo. El miedo de quedarse solo y pobre, y en el caso de él que el mundo se venga abajo. El planteo es que somos productos de los miedos y las características de nuestros padres y eso significa también que nosotros tenemos que hacernos cargo de que hay cosas que tenemos que ver que les vamos a heredar. Ya no hay historias nuevas sino nuevas formas de contarlo./Félix Justiniano Mothe y María Lucía Sayago
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