Martes 22 de Mayo de 2012
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Una payamédica que enfrenta a la enfermedad a pura sonrisa

Alejandra Acosta en una enfermera distinta. Eficiente en su tarea y del bolsillo que tiene en el corazón siempre saca algo para generar la risa que está –según su mirar- entre los mejores remedios.

María Alejandra Acosta, ha nacido el 11 de julio de 1972. Empezó la carrera de Ciencias Económicas y en 2º año descubrió que eso no era para ella. Pero no sabía dónde estaba su destino. Por esas casualidades de la vida (si las casualidades existen) en el ómnibus se encontró con una de las chicas de la secundaria, que le habló de la carrera de enfermería, cosa que no sabía que existía. Por curiosidad y por esa cosa rara que viene desde muy adentro, se inscribió.

Su arribo a la Escuela de Enfermería de la UNT le develó casi como en un hogar. Apareció en su memoria la perpetua vocación “siempre he tenido esa debilidad por el que necesita. Por ejemplo, cuando tenía 9 ó 10 años, un vecino lo operan y se le infectó la herida y alguien le tenía que poner azúcar y yo le ponía siempre. Parece que yo siempre tenía en miinterior esa vocación sin saberlo”.

De piel blanca, de pelo rubio, más bien baja la hacen tenue hasta que empieza a hablar. Sus ojos claros se encienden y emerge una pasión vital notable. Hace payasadas mientras conversa y por ahí entre sus relatos le aparece una tristeza, como para volver a la realidad.

No había en su familia ningún antecedente, payamédico es algo nuevo. Su padre ocupó cargos jerárquicos en la policía de Tucumán y su madre fue ama de casa. Tiene dos hermanas, una es abogada y profesora de religión y la otra estudia psicología. Pero al momento de empezar la carrera, en la escuela de enfermería sintió placidez porque en defintiva estaba en lo ella describió como su mundo. "Eso era lo mío y sentía que ese era el lugar donde tenía que estar: con el enfermo. Ya sentía una tendencia a que me guste más el Enfermo Terminal o el Enfermo Abandonado”.

Egresada de la universidad, ingresó casi inmediatamente al hospital para sentir la fuerte sensación de pertenencia. “Era mucha alegría por el trabajo que tenía, nada era feo para mí. Bañar a un paciente, cambiarle los pañales, darles de comer. Era algo maravilloso. Me salía con mucha naturalidad a pesar de que lo había estudiado a todos los procedimientos era algo innato en mi, era algo fascinante como la necesidad de satisfacer a esa persona enferma”, confiesa Alejandra, dejando en el ambiente un delicada aura.

Hizo sus primerasd armas entre los viejitos del PAMI. Recuerda que era muy bonito acompañarlos y sin saber demasiado sobre eso de hacer reír y jugar con ellos, Alejandra pensaba que sería muy lindo que los pacientes la pasen bien a su estadía en los centros de salud, y que en el momento en que se encontraban sea lo mejor posible para ellos.

- ¿Y cuando morían cómo vivías esa muerte? El primer paciente que se me murió fue una prueba de fuego para mí porque yo antes nunca había visto morir a nadie -debo haber tenido 20 años en ese momento- y era un enfermo con cáncer que estaba solo. Todos se iban y nadie quería estar con él. Nos hicimos amigos me contaba muchas cosas de su vida y en el momento final: él me tomó de la mano y me pidió que me quede porque sentía que estaba seguro conmigo. Fue mi primera experiencia. Sentarme a su lado y esperar que se vaya. Eso ha sido un poco duro para mí porque ahí me he dado cuenta que esa era mi misión. Era difícil porque es difícil acompañar al ser humano a que se vaya a su gran viaje final –como le digo yo- pero sentía que era agradable la sensación de poder cumplir lo que tenía que hacer. Así y si estaba acá era por algo y la parte que me llevaba en la vida dentro de la profesión era precisamente despedir a las personas. Así como una partera recibe cuando uno nace yo en ese momento sentí que mi misión dentro de la enfermería era acompañarlos a partir. Empecé todo un trabajo intelectual, a estudiar, hice varias especialidades pero siempre al estudio del buen morir: el proceso de la muerte, el proceso del duelo, lo que es la vida, cómo el ser humano se impide esa palabra que es la muerte. Y eso a mí me servido muchísimo.

- ¿Y cómo lo percibe? La mayoría le tiene miedo, el miedo a eso que no se conoce -es más- la medicina a la muerte la ve como un fracaso. Por eso muchas cosas quedan estancadas y no se avanza, no se avanza hacia más allá de lo que es puramente médico, en general porque si yo a la muerte la veo como un proceso natural cada persona tiene una función que cumplir en la vida, nace y está en la vida para cumplir con una determinada función. Cuando llega el momento de irse se tiene que ir ya sea con un accidente con una enfermedad terminal sea un niño, o un anciano, o un adolescente. Uno tiene una fecha de vencimiento, todos la tenemos marcada desde el momento que nacemos y es algo que nos va a pasar a todos. Es un proceso natural más allá de la forma en la que tengamos que irnos porque un accidente no es una muerte natural es un modo de irse. En la medicina a nosotros nos forman para curar, para salvar pero en realidad eso es mentira. Nosotros no salvamos ni curamos, nosotros acompañamos. Entonces si yo a mi arte de curar lo veo como acompañar y no curar voy a ser feliz con lo que hago y no me voy a sentir fracasado porque si yo desde el principio empiezo mi carrera pensando que voy a curar, voy a salvar y en la primera semana me doy cuenta de que no porque la gente muere. Entonces los primero que siento es una gran frustración porque no he llegado a cumplir con eso que a mí me enseñaron en la facultad. En oriente es diferente a la muerte se la concibe de otra manera. Entonces es un trabajo duro para uno como equipo de salud y para uno como enfermo.

**- ¿Cómo la conciben en oriente? Como un proceso natural es algo natural. En algún momento tiene una energía que se agota y cuando se agota se tiene que ir a otra dimensión en cambio acá eso es como un fracaso.

- ¿Cómo es tu relación con los médicos? A mí me gusta mucho hacerles ver que el enfermo tiene una mirada, tiene una piel que siente, tiene un corazón que se emociona, tiene una mente que recuerda, tiene una vida con todo su historia que cada persona es un mundo que responde ante una misma situación de determinadas maneras entonces por ahí -es verdad- que muchos médicos, que son estructurados y también hay algunos, por ahí, que salieron de esa estructura y son los raros, los médicos raros. Yo trato de no discutir porque cada uno hace lo que puede dentro de esto y a veces uno pone mucho de su parte para hacerlo.

Dame un ejemplo. Un día una médica que es muy estructurada, hace oncología, se acerca y le digo doctora ¿le vio los ojos al paciente? ¿qué tiene?, me pregunta. Vaya y mírelo, le digo. Entonces, se va, lo mira y cuando vuelve me dice que no le ve nada. Ah, bueno me alegro, lo ha mirado a los ojos. Es para que se den cuenta que no son cosas. O por ahí, les digo ¿qué harían ustedes si al que le están haciendo la quimioterapia es a usted? Es como que trato todo el tiempo de ponerlo en el lugar del enfermo y para mí, eso es importante y también ayudarlos a que se desdramatice un poco el ambiente en el que nosotros estamos. Es difícil porque muchos están metidos dentro de un cuadro, un cuadro que no tiene una forma diferente que no sean las cuatro puntas pero a veces se logra.

- ¿Cuáles son las puntas? La estructura en que uno es formado, por ejemplo la medicina es mucho cuerpo, poca mente. El arte es más emoción que pensar y cada profesión es formado de acuerdo a una estructura lo importante es abrir a otras posibilidades. De pronto un médico que se pone una nariz de payaso al principio es como que pierde el respeto pero después a medida que se van logrando cosas en esa persona enferma uno se da cuenta que el respeto pasa por otro lado no por un título o una conceptualización intelectual o ese nivel jerárquico que cada profesión tiene, no es lo mismo decir yo soy doctor: médico, que decir yo soy enfermera. Pero si yo amo lo que hago para mi no existen ese tipo de estructura ni de jerarquía cada uno cumple una función importante desde el que limpia hasta el que está sentado cuidando, el que está en el ascensor, todos cumplimos una función importante.

- ¿Cómo se te ocurre empezar a trabajar con la nariz roja? Desde el año 92 cuando entré en la Facultad de Medicina, era muy frío, todos serios, todos aburridos. Una sonrisa era algo que faltaba el respeto. ¡¡No vos sos enfermera universitaria!! no tenés que comportante así, muchos profesores nos enseñaron: Uds no pueden llorar, Uds no se pueden sentar en la cama del enfermo. Uds tienen que mantenerse en su lugar. A mí me gustaba salirme a ver qué pasaba. Porque la empatía no es ponerse en el lugar del otro sino ponerse ‘con’ el otro y si yo me pongo con el otro si tengo ganas de llorar, lloro. Si tengo ganas de reírme con el enfermo me voy a reír porque yo también soy humana entonces esa empatía a mí me lleva a ver que el enfermo está triste. Siente una gran frustración: porque tiene planes, tiene sueños, tiene proyectos que una enfermedad le trunca todo y uno no puede seguir avanzando hasta que no se cure, en el mejor de los casos, pero a veces cuando esa enfermedad avanza hacia la muerte no puede curarse entonces siente mucha frustración y eso le provoca bronca, dolor, depresión, nada agradable. A mi de pronto se me ocurre, yo ¿qué puedo hacer por ellos? tengo dos opciones, o llorar a la par o hacerlo reír. Entonces pruebo con la segunda opción, lo hago reír y veo. Al principio todos me decían que no lo haga porque era como una burla que los enfermos y los familiares iban a pensar que yo me estaba burlando de ellos y si se están muriendo que podía hacer. Yo, mientras tanto, decía yo voy a hacer lo que siento que es lo mejor, lo que me gustaría a mi que me hagan. Entonces empecé a reírme siempre mantuve mi sonrisa desde el principio, el ser simpática estar sonriendo la mayor cantidad de tiempo durante mi trabajo. Empecé después con jugos como cuando era chica. O sea juguemos que el suero es un frasco de jugo o que de pronto el portasuero es un micrófono entonces cantemos. Juguemos a que somos actores de una gran telenovela siempre fue jugando, siempre y el ponerme la nariz se me ocurrió un día porque era gracioso. Era un estado de gracias distinto. Algo que a los enfermos los hacía reír mucho esa máscara más chiquitita que tienen los artistas. Se me ocurrió un día ponerme la nariz de un payaso y ví que era un efecto espectacular el que conseguía, todos se reían hasta los más enojados podían sonreírse por lo menos y después dije de esto no tengo idea entonces empecé a hacer talleres de clawn, empecé a leer libros, empecé a estudiar con profesores de España porque acá no encontraba un lugar o dónde poder formarme y por Internet comencé a buscar libros y empecé a aplicar las técnicas del clawn que diferencia había entre un payaso de teatro y de circo, un payaso de hospital. Así empecé a formarme y a tomar clases en algunos talleres libres que hacían acá en Tucumán y después un día vi la película de Patch Adams y me di cuenta que era algo parecido a lo que yo hacía y me pareció fascinante. Y ahí comenzó todo.

- ¿Cómo te ven tus compañeros de trabajo? Al principio era ¿qué no tenés nada que hacer? Estaban muy acostumbrados a llegar recibir la guardia controlar los signos vitales, medicar, curar y se termina. Después sigue de nuevo lo mismo es algo que se hace 24 horas y al principio era raro pero el comentario era siempre uuuyyy la Ale siempre con sus locuras o sea que ya están acostumbrados siempre he hecho reír a todos con los que me rodean.

- ¿Sos alegre en todo? Me gusta la alegría, sin burlarme. Yo me río de mí. Me río de mi misma y de mis ridiculeces -como yo digo- lo mejor que yo puedo hacer en la vida es reírme de mi misma. Tal vez como mis bromas, con mi buen humor siempre he tratado de que en mi lugar de trabajo durante el momento en que yo estoy trabajando que la gente que está conmigo la pase bien. Para ello si me pongo una nariz o algo más era como ya están acostumbrados uy la Ale de nuevo con sus locuras y algunos se prendieron, leían y me acompañaban. Por ejemplo la primera vez inflamos unos cuentos globos y los pacientes y estaba una compañera y un médico y también se prendió les gustó y que lo sigamos haciendo de nuevo y empezamos el juego hasta que empezamos el curso de Pachamédicos.

- ¿Qué tiene que ver esto de la alegría con tu casa? En mi casa siempre nosotros hemos vivido muchas pérdidas, desde pequeños la muerte de mis abuelos, después en la adolescencia la muerte de mi mamá, que fue cuando yo cuando yo tenía 12 años. Varias muertes de tíos o sea es como que desde pequeña yo he vivido las pérdidas de personas importantes y estar triste mucho tiempo es algo que a mí me provocaba displacer, no era algo que me agradaba entonces sin darme cuenta, inconcientemente, es como que yo buscaba las alternativas porque ver una película que me causaba gracias o una imagen de una planta que era de colores o hacer algo que a mí me gusta es como que me ayudaba a sobrellevar esos momentos de angustia en mi casa. Soy igual siempre buscando salir de la rutina o buscar los colores algo que los haga reír porque yo he descubierto desde pequeña que la risa es algo que me alivia y que me ayuda a avanzar, a seguir porque mi vida se me va a terminar cuando me llegue la fecha de vencimiento y voy a vivir un tiempo en esta tierra y tengo que ser alegre sino es muy aburrido, muy pesado vivir.

- ¿En tu casa eran muy estructurados? Más o menos, mi papá al ser formado él como policía sí tiene una estructura que a mí me costó mucho adaptarme. No era una familia tan estructura de a tal hora se almuerza o a tal hora se hace o sea con todo lo que implica vivir en una familia que hay normas de convivencia pero por ejemplo mi papá para mí era difícil. Si salíamos a tal hora a tal hora volvíamos o si empezaba a estudiar una cosa hasta que no la termine no podía abandonar. Por ahí era difícil y bueno por eso yo a los 18 años me fui de mi casa. Por momentos me arrepiento porque fueron 10 años que yo no disfruté de mi familia y en esos 10 años en la calle aprendí muchas cosas. Aprendí a valorar mi trabajo o a saber lo que es no tener para comer a vivir en lugares de mucha plata porque gracias a Dios siempre fui muy inquieta y he hecho muchas cosas y entonces eso me ha ayudado a mi a aprender y a valorar lo que tengo y que cada cosa que obtengo me cuesta también pero sí la enseñanza de mi padre y de mi mamá ha sido muy importante. Ellos me enseñaron que no tengo que abandonar, que cuando algo quiero hacer que lo tengo que hacer hasta el final. Tan estructurada mi familia no fue, siempre hubo esos márgenes de pensar diferente y que se respete. Pero tal vez no entendían que yo necesitaba aprender de la vida más que de una carrera o de una profesión.

- ¿De qué muere tu mamá? Se le hizo un aneurísma, se le rompió una arteria en la cabeza y tuvo una hemorragia cerebral, fue instantáneo. Murió para el día de la madre un 20 de octubre.

- ¿Por qué crees que te marca? Porque yo tenía una adicción por ella. Mi mundo siempre ha sido ella yo volvía desesperada de la escuela a quedarme con ella y me deleitaba mirándola. Era lo más grande que en mi vida existía.

-¿Qué quiere decir empatía? La empatía es la capacidad que tienen las personas –dicen algunos autores- para ponerse en el lugar del otro. Pero yo creo que es para ponerse ‘con’ el otro. Es estar a la par. Porque ponerse en el lugar del otro es decir si a vos se te murió un familiar mirá yo me pongo en tu lugar que no es lo mismo que decir mirá, vení te acompaño. Estoy con vos. Eso para mí es empatía es estar con el otro es tener la capacidad que adquieren algunas personas de poder estar, acompañar y estar con el otro en las situaciones en las que se encuentran.

- ¿Cuáles son las técnicas para zafar de la empatía? Son mecanismos de defensa por ejemplo en la salud está el refugiarse en el diagnóstico, en el tratamiento, en el pronostico y en el medicamento en la parte médica en la parte de enfermería que es donde yo estoy es refugiarse en la técnica en que tenemos muchos pacientes, la falta de tiempo la sobrecarga laboral.
Cualquier excusa para no entrar en contacto, en sintonía con el otro. Eso son las técnicas que se utilizan por lo general para alejarse de la empatía./Félix Justiniano Mothe





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