Tucumán se posiciona hoy como un actor estratégico en la matriz energética nacional gracias a su consolidada industria sucroalcoholera y su capacidad de innovación tecnológica. El ingeniero Martín Rearte, referente del INTI, señaló que la provincia tiene las condiciones dadas para transformarse en un polo de desarrollo global sin precedentes. "Tucumán particularmente puede ser el Silicon Valley de la bioenergía por su matriz productiva y el conocimiento acumulado en el sector", aseguró el especialista. El objetivo central es ampliar el corte de biocombustibles en las naftas, aprovechando los recursos locales para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
La discusión sobre el incremento de los porcentajes de mezcla en los surtidores ha cobrado un nuevo impulso en el marco de la necesidad de fortalecer las economías regionales. Rearte fue tajante al desmitificar las supuestas dificultades operativas de este proceso, asegurando que el país ya cuenta con la experiencia y los estudios de campo suficientes. "La barrera no es tecnológica, la tecnología existe hace muchos años y el parque automotor no tiene dificultad para estos aumentos", explicó el ingeniero. Esta afirmación pone el foco en la urgencia de decisiones políticas que permitan dar el salto hacia una movilidad mucho más sustentable.
Uno de los puntos clave para el desarrollo del sector radica en la optimización de los costos logísticos y la soberanía energética que otorga la producción de bioetanol en origen. El experto subrayó que no tiene sentido enviar la materia prima a refinerías distantes para luego reimportar el combustible terminado con un alto costo de flete. "Lo más lógico es producir los combustibles acá y utilizarlos acá, optimizando los recursos de la bioeconomía local", enfatizó Rearte. De esta manera, se lograría un impacto económico directo en la región norteña, generando empleo genuino y fortaleciendo a las empresas pymes que integran toda la cadena.
Sin embargo, el crecimiento de la producción de alcohol conlleva desafíos ambientales significativos, especialmente en lo que respecta al tratamiento y aprovechamiento de los subproductos generados en las destilerías. La gestión de la vinaza es uno de los ejes centrales que requiere la incorporación de nuevas tecnologías para transformarla de un simple efluente a un insumo con alto valor agregado. "Tenemos que prever que existirá más vinaza y se requieren tecnologías para valorizarla como energía o nutrientes", advirtió el funcionario nacional. El INTI ya trabaja en procesos de microbiología y fermentación para mejorar este rendimiento y mitigar los impactos.
La transición hacia una matriz más limpia no requiere de cambios drásticos en la infraestructura actual de las estaciones de servicio, lo que representa una ventaja competitiva frente a la electricidad. Rearte explicó que, a diferencia de la movilidad eléctrica que demanda inversiones millonarias en redes, los biocombustibles pueden utilizar la logística existente de manera inmediata. "Lo más viable y sensato es optimizar lo que ya tenemos, migrando paulatinamente con el parque automotor actual", detalló el referente. Esta visión propone un camino realista y responsable que aprovecha la estructura de surtidores y transporte que ya funciona en todo el territorio.
Finalmente, el éxito de este ambicioso proyecto de bioenergía depende de una alianza sólida entre el sector científico-tecnológico, el ámbito político y la inversión privada en la provincia. La Comisión de Ciencia y Técnica de la Legislatura ya mantiene un diálogo fluido con organismos como el INTI para dar un marco de confianza jurídica a los inversores. "Es una decisión que hay que tomar como sociedad para migrar de la industria petroquímica hacia el potencial de los biorrecursos", concluyó Rearte. Con el apoyo del Estado como promotor, Tucumán puede encaminarse a liderar un cambio de paradigma que podría definir el futuro productivo del país.