“El crédito muchas veces funciona como un reemplazo del ingreso”, resume Laila Moliterno Abi Cheble, abogada y docente de la cátedra de Derecho del Consumidor de la Universidad Nacional de Tucumán e investigadora en la Defensoría Pública de la Unión (Brasil).
Desde la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), donde se formó como abogada y hoy es docente, y a partir de su experiencia de posgrado en Derecho Comparado en la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (Brasil), estudia el endeudamiento femenino en América Latina con foco en desigualdades estructurales. “La deuda no es solo una decisión individual, sino el resultado de desigualdades acumuladas”, plantea Moliterno.
Según el informe sobre endeudamiento, géneros y cuidados elaborado por la CEPAL y el Ministerio de Economía de Argentina en 2023, los hogares encabezados por mujeres presentan mayor vulnerabilidad financiera: el 64,5% solicitó financiamiento, frente al 58,6% de los varones, y el 72,6% lo destinó a alimentos y medicamentos.
El mismo estudio indica que siete de cada diez hogares con mujeres a cargo registran atrasos en servicios o deudas previas, y que el 46,2% destina casi todos sus ingresos al pago de obligaciones o no logra cubrirlos.
“Las mujeres se endeudan para sostener la vida cotidiana”, resume.
Las tareas de cuidado explican una parte central del fenómeno. Las mujeres concentran el trabajo doméstico no remunerado, lo que condiciona ingresos y acceso al crédito. “La sobrecarga de cuidados afecta el trabajo, el ingreso y el financiamiento”, señala.
En ese contexto, el 69,2% de las trabajadoras informales solicitó créditos o préstamos. Moliterno describe una “espiral de endeudamiento” donde se toman nuevas deudas para cubrir las anteriores.
“El crédito deja de ser excepcional y pasa a ser una estrategia de supervivencia”, afirma.
Un endeudamiento en aceleración
Un informe del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, basado en datos del Banco Central y el INDEC, advirtió en 2026 que la morosidad de los hogares alcanzó el nivel más alto en más de dos décadas: pasó del 2,7% al 10,6% en un año.
En paralelo, más de la mitad de las familias financia gastos cotidianos con tarjetas de crédito, fiado o préstamos.
Moliterno advierte que el endeudamiento puede volverse inmanejable ante la pérdida de empleo, enfermedades o crisis familiares. Sostiene que se trata de un fenómeno estructural que impacta también en la salud mental y la autonomía.
“La ansiedad que generan las deudas condiciona decisiones básicas: qué comer, qué pagar y qué dejar de lado”, señala. Por eso plantea políticas de prevención, regulación del crédito y renegociación de deudas que eviten la exclusión financiera y garanticen condiciones de vida dignas./medios.unt.edu.ar
