La situación no solo golpea la subsistencia de las pymes, sino que ya se traduce en un masivo recorte de puestos de trabajo y en una reconversión forzada del espacio comercial urbano.
Boletas de $600.000 para locales pequeños y la sombra de un nuevo aumento
El peso del servicio eléctrico se ha convertido en el principal factor de desequilibrio financiero para los comerciantes minoristas. En diálogo con la prensa, la presidenta de la Cámara de Comercio de San Miguel de Tucumán, Gabriela Coronel, graficó la dimensión del colapso: «Locales comerciales de no más de 60 m² superan más de 600.000 pesos de luz», un monto que equivale prácticamente al costo de un medio jornal más sus respectivas cargas sociales.
A este escenario de asfixia se suma la falta de previsibilidad económica:
Ajustes acumulados: La dirigente gremial recordó que el sector ya debió afrontar dos subas muy fuertes en las tarifas de energía a lo largo del año.
Nueva amenaza: Lejos de encontrar un techo, el esquema tarifario contempla un nuevo incremento estipulado para el mes de noviembre, profundizando la desesperación empresaria.
8 de cada 10 comercios sin rentabilidad y casi 3.000 despidos en el año
La combinación entre la voracidad fiscal, el costo de los alquileres —que absorben entre el 50% y el 60% de los ingresos— y las boletas de luz impagables destruyó la rentabilidad del sector. Según las estadísticas relevadas por la entidad mercantil, el 80% de los comercios tucumanos operan sin ganancias netas, logrando apenas cubrir los costos fijos indispensables para mantener las persianas abiertas.
Destrucción de empleo formal: El desplome de las ventas y la imposibilidad de sostener la estructura de gastos provocaron la pérdida de casi 3.000 puestos de trabajo formales entre enero y agosto, afectando tanto a pequeños comercios como a cadenas de supermercados.
Círculo vicioso: Ante la imposibilidad de trasladar el 100% de los costos a precios debido a la caída generalizada del consumo, los comerciantes se ven obligados a achicar planteles de personal de manera sistemática.
Achicamiento de locales y el riesgo del salto a la informalidad
La fisonomía del centro tucumano comenzó a transformarse drásticamente como mecanismo de supervivencia. Para mitigar el impacto de las facturas y los alquileres desmedidos, los tradicionales locales de gran superficie se subdividen actualmente en hasta tres espacios reducidos de entre 45 y 60 metros cuadrados.
Sin embargo, para muchos empresarios el margen se ha vuelto inexistente. La presión impositiva combinada con tarifas confiscatorias empuja a un sector cada vez mayor de la economía local a evaluar la informalidad como la única vía disponible para eludir el colapso financiero y subsistir en el mercado.
