Ante miles de fieles que completaron la tradicional caminata de 60 kilómetros bajo el lema “Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”, el prelado advirtió sobre la compleja situación social del país y reclamó curar los vínculos comunitarios.
Claves de la homilía y el mensaje a la dirigencia
García Cuerva advirtió que "las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal, supuran y parece que están infectando el corazón del pueblo". En esa línea, instó a ser "artesanos de la fraternidad" y a llevar el abrazo de María a los sectores más vulnerables: abuelos, personas con discapacidad, desempleados, personas en situación de calle y jóvenes afectados por las adicciones.
El arzobispo recordó los pedidos del Sumo Pontífice vinculados a garantizar el alimento para quienes pasan hambre, educación adecuada para los niños y una vejez digna para los ancianos, enfatizando que "más allá de nuestras legítimas diferencias somos hermanos".
Radiografía de una "Argentina herida"
Ya en la previa durante una misa en la Catedral Metropolitana, el arzobispo había trazado un diagnóstico crítico sobre el escenario económico, político y social, señalando que el Papa se encontrará con un país en crisis, atravesado por la pobreza estructural y fracturado por la "grieta". "Yo ya crecí y la Argentina sigue en esa situación", lamentó al recordar las expectativas de su infancia.
De cara a la llegada del Papa a principios de noviembre, el religioso confió en que su figura pastoral sirva para confirmar la fe, regalar esperanza y convocar a una mayor unidad entre los argentinos de todos los sectores.
