La víctima fue identificada como Nicolás Agustín Albaca Romano, de 23 años, quien había sido herido de gravedad en la madrugada del pasado martes 6 de octubre.
El episodio fatal se produjo alrededor de las 0.50 en la garita policial situada en la intersección de las calles Charcas y Díaz Vélez, en la capital provincial, donde Albaca Romano cumplía funciones junto a su colega Benjamín Díaz, además de otros dos efectivos que se encontraban en el lugar y presenciaron lo ocurrido.
De acuerdo con las primeras declaraciones brindadas por el propio autor del disparo y refrendadas por los testigos presentes, el incidente se desencadenó cuando Díaz manipulaba su arma reglamentaria y se produjo la detonación que impactó de lleno en el cuerpo de su compañero.
Tras el disparo, el joven policía fue asistido de inmediato y trasladado de urgencia a bordo de un móvil del Distrito Urbano hacia el Hospital Centro de Salud, donde ingresó con una herida de arma de fuego en el sector izquierdo del tórax, con orificio de entrada y sin salida. A pesar de haber sido sometido a una intervención quirúrgica de urgencia y de los esfuerzos médicos realizados para estabilizarlo, su estado de salud se mantuvo sumamente delicado hasta confirmarse su deceso durante este miércoles.
Con la muerte del joven uniformado, la situación procesal del efectivo imputado dará un giro inminente en los tribunales provinciales. Tras el hecho, Díaz había quedado aprehendido con prisión preventiva bajo la carátula inicial de lesiones graves, un cargo que ahora deberá ser reformulado por la fiscalía a cargo de Pedro Gallo.
Aunque tanto el acusado como los policías que presenciaron el hecho sostuvieron desde un primer momento que se trató de un episodio accidental sin mediar pelea ni intenciones homicidas, la causa continúa bajo rigurosa investigación para dar respuesta a los planteos de la familia, que había solicitado profundizar las pericias sobre las circunstancias reales del disparo.
