Jueves 17 de Mayo de 2012
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A reinventar las diferencias

Pablo Peusner dejó la músico-terapia para ingresar al psicoanálisis. Una pulsión que lo llevó a inmiscuirse en una pasión perdurable. Fue siempre un atractor para los niños, hoy un terapeuta de ellos. La diferencia entre un adulto y un niño. El secundario en un colegio religioso. Jugador de fútbol en las inferiores de Ferro. Cómo se construyó su último libro. En qué consiste el reinventar la debilidad mental. La guitarra una compañera que descubrió a los 10 años y que nunca abandonó desde entonces.

Peusner es un hombre muy riguroso y pulcro para razonar. Lleva una relación muy llana con la sabiduría lo que hace que sus explicaciones sean sencillas. Habla como un porteño puro: las elles y las y griegas las pronuncias con esa “sh” que diferencia a los nacidos a la vera del puerto. Es un lector incansable y consultor de un editorial. Generoso con su saber comparte conocimientos con colegas a través de Internet o asiste a exponer cuanto lo invitan a reflexionar sobre un tema. Estuvo en Tucumán -lugar que frecuenta- por su relación con el Colegio Clínico Tucumán Salta de la Escuela Internacional de los Foros del Campo Lacaniano. Polifacético, simple. Fue jugador de fútbol en las inferiores de Ferrocarril Oeste, club del barrio donde se crió. Salió del secundario de un colegio de varones de los Hermanos Maristas para ingresar a estudiar músico-terapia. Su pasión por la guitarra había nacido cuando tenía 10 años y esa pasión sigue vigente. Con el tiempo advirtió que esa disciplina paramédica afortunada mezcla de dos pasiones era insuficiente y entró en psicología para desde ahí entrar en el sendero del psicoanálisis.

¿Por qué dejás la musicoterapia?

Porque no encontré en esa carrera la exacta proporción que yo buscaba entre ambas cosas, es decir que yo ahí descubrí que podía continuar con la música -que era algo que me gustaba mucho-, por otra parte y ahí me pasé a la carrera de psicología porque me encontré con un impacto fuerte de lo que fueron los estudios de casuística, los primeros escritos sobre psicopatología que pude ver y de esa manera decidí volcarme a la psicología. Fue como un ámbito favorecedor para que pudiera encontrarme –dentro de la carrera- entre todas las psicologías que se estudian con el psicoanálisis, causa que abracé prontamente y con la que continué, en principio estudiando y luego analizándome (haciendo la experiencia del análisis) durante cierto tiempo.

¿Qué te ha transportado de una carrera a la otra?

Ahí había un fuerte impacto hacia mí de todo lo que tuviera que ver con la locura. En principio a través del arte ¿no? porque los escritores malditos, locos, algunos pintores y con algunos músicos porque tenían también esa impronta. Había algo del mundo de la locura que me llamaba mucho la atención, que me interesaba mucho a la vez que tenía mucha facilidad para el acceso y la comunicación con personas diferentes, con personas que por ahí tenían algún otro tipo de presentación que la más habitual, entonces, me pareció que la psicología era un buen espacio. Yo era una persona que tenía mucho interés por escuchar, por conversar. Esto del diálogo me pareció como una práctica muy interesante. A los 18 ó 20 años tenía muchas horas perdidas en largas conversaciones de café. Conversaciones que comienzan siendo filosóficas que uno después termina hablando de sus propias cosas. Me pareció que era un ámbito en el que yo me podía sentir cómodo en el que yo podía desarrollar una buena actividad.

¿Cómo llegás al mundo de los niños?

Acá hay dos fenómenos. Uno que es histórico y de muy larga data y es que me encuentre en el ámbito que me encuentre: puede ser en la calle, o en un micro me ha ocurrido o en un cumpleaños, los chicos terminan acercándose a mí. Hay algo del diálogo, del contacto con los niños que me surge muy espontáneamente siempre he tenido mucha facilidad para meterme en el mundo de los niños. Para poder interactuar con ellos para poder jugar. Siempre me ha gustado mucho jugar con los chicos. Fue prácticamente un destino del que no fui consiente sino hasta que me pasaron dos cosas: cuando yo trabajaba en la clínica donde comencé con mi práctica profesional siendo yo parte del equipo de adultos la secretaria comete un error y me asigna un paciente, un niño. Y a través de ese error, -error que de ninguna manera me saque de encima- sino que al contrario me hice cargo de ese paciente. Era un chico que no hablaba. Es uno de los casos que más me ha marcado en mi carrera, no lo he escrito todavía, pero tengo mucho material como para algún día teorizarlo. Estando yo en análisis, fue mi analista quien me hizo juntar las dos cosas. Quien me hizo notar que quizás se podía hacer algo con esa facilidad que yo tenía de contactarme con los niños. Yo me fui un poco confundido ese día de mi sesión porque no entendía que podía querer decir “hacer algo con eso”. Pero al mezclar un poco esa facilidad, con esta oportunidad que tenía, por primera vez de encontrarme -como profesional- ante un niño se me presentó con claridad lo que decía mi analista, a partir de ahí empecé a moverme en esa línea. No me considero igual un especialista en niños. Me gusta más decir –ya lo he dicho alguna de una vez- prefiero decir que soy un analista que no retrocede ante los niños porque hay muchos analistas que sí lo hacen con bastante frecuencia.

¿Cuál es la diferencia entre un niño y un adulto?

La principal diferencia es que los niños no habitan un lenguaje estructurado lógicamente. Los adultos hablamos una lengua supuestamente común pero en la que conservamos totalmente vigente el triple principio lógico de Aristóteles: es decir no nos contradecimos, mejor dicho, tratamos de no contradecirnos. Excluimos la tercera posibilidad y hay gente que se jacta de ser binaria (esto es muy simpático, pero es muy aristotélico también) y mantenemos nuestra identidad la defendemos a capa y espada todo lo que podemos.

¿Y los niños?

Más bien hacen todo lo contrario se contradicen sin ningún problema pueden ser de Boca y de River y no tienen ningún inconveniente somos nosotros los que tenemos inconveniente cuando escuchamos eso. Los niños pueden dejar de ser ellos muy rápidamente y transformarse en cualquier superhéroes y a su vez tienen una particularidad: le dan mucha importancia al acto enunciativo de lo que se dice y quizás tiene le dan mucha más importancia que al contenido. Si me permitís te voy a contar un ejemplo. A los adultos nos interesa más el contenido a los niños no. Recuerdo que una vez le había prometido a mi hijo que lo llevaría a una cancha de fútbol y el día amaneció con una gran tormenta y la fecha de fútbol se suspendió pero mi hijo que en ese momento tendría cuatro cinco años –insistía- ¡pero vos me dijiste, que íbamos a ir! A él no le importaba tanto el contenido, le importaba que yo se lo había dicho y esto es otra diferencia. Los niños nunca omiten lo que en lingüística se llama la enunciación. Quizás no le presten tanta atención a los enunciados. Es fácil acusar a un niño y decirle: eh, no me escuchaste lo que te dije. Pero sí están muy atentos a la enunciación. Los adultos no, los adultos privilegiamos mucho el enunciado y muchas veces obviamos la enunciación a tal punto que ya nos comunicamos por medios electrónicos que no tienen enunciación. Solamente van y vienen puros enunciados.

¿Qué otra diferencia hay?

La otra gran diferencia es que a los niños se los educa. Y cuando digo se los educa no me refiero al proceso formal de la educación -no me refiero a que se los educa en las instituciones escolares- sino que se los reprime con mandatos, con demandas constantes que tienen que ser de tal o de cual manera se les va como recortando el campo fenomenológico de sus modos de manifestación hasta que terminen siendo sujetos de la cultura, como corresponde. El otro día presencié una escena muy simpática en la puerta de la escuela de mis hijos porque una mamá insistía en que su hijo –calculo yo de primer grado- hiciera pis en un arbolito y el chico se negaba rotundamente. Es decir, fijate hasta que punto ese chico estaba tomado por la cultura que cuando la madre se permitía esa pequeña licencia, él no quería saber nada de hacer pis en el arbolito de la puerta de su escuela. Seguramente eso es la cristalización de los mandatos que la cultura les imparte. Freud decía que el educador es todo aquel que funcione como punto de emisión de un mandato de estos que exige la renuncia pulsional. Esas podrían ser como las diferencias más visibles. Seguramente hay muchas más.

¿Cómo ha sido tu vida en el secundario?

Yo estudié en el secundario en un colegio de varones, de una orden religiosa en Buenos Aires. Hice toda la primaria durante la dictadura militar. Era el típico joven que se podía ser en aquella época. Hice deporte jugué al fútbol en las inferiores de mi club: Ferrocarril Oeste.

¿Cuál era la orden religiosa de tu colegio? Los Hermanos Marianistas. Pasaba mis días entre el fútbol, mis amigos, la guitarra que fue una compañera que descubrí a los 10 años y que nunca abandoné desde entonces. Tuve también una banda de rock y en el 83’ cuando llegó la democracia me encontré que había todo un mundo por descubrir de nuevas cosas.

¿En ese momento mirabas las diferencias?

No en el vecindario, pero sí en la familia extendida y algo de eso que estaba presente. Siempre tuve un buen vínculo con eso. Nunca me produjo rechazo más bien todo lo contrario. Siempre sentí que podía conectarme con eso. A las diferencias las registraba mucho. Era como muy perceptivo a eso. No huía cuando había alguien diferente -al contrario- me tentaba mucho ir a meterme con eso a vincularme con eso y escuchar.

¿Cómo emerge la atracción por el tema de la diferencia y por qué te atrae tanto?

Quizás todo comience con la poesía, quizás que todo comience con la idea de un incipiente escritor porque yo mismo en algún momento me sentí el diferente. Si bien era un muchacho como cualquier otro, hay algunos episodios a lo largo de mi juventud: yo siempre quedaba como del otro lado. Recuerdo ahora que estando de viaje de egresado en la ciudad de Bariloche, en quinto año de la secundaria, la última noche -paseando por la ciudad- descubro que la Camerata Bariloche iba a dar un concierto, en Bariloche. Pero era la última noche. Todos nos íbamos a ir a bailar sin embargo me escapé y me fui a ver a la Camerata. Esa es una diferencia que mis compañero no pudieron perdonarme ¿no? el no haber estado con ellos en ese episodio quizás esas diferencias se hallan proyectado y que en algún momento uno haya tenido cierta capacidad para percibirlas también en el otro. Yo creo que las diferencias deben respetarse me parece que uno tiene una maquinaria.

Dame un ejemplo

Alguna vez le dije a un paciente: imaginemos una carrera entre un vehículo Fórmula Uno y de un Fiat 600. Imaginemos que el vehículo de Fórmula Uno puede correr a 280 kilómetros por hora y el Fiat 600 a 85. Imaginemos que se hace la carrera y que el auto de Fórmula Uno a cien kilómetros por hora le gana la carrera al Fiat que corrió a 85, entonces le pregunté ¿quién corrió más? Y esto generó una situación porque yo pienso que el Fiat corrió más: porque corrió todo lo que pudo y el otro no. Entonces hay algo en la diferencia que se puede pensar de esta manera con que la demanda enorme de efectividad que son con las que nos encontramos hoy en día ¿no? Hoy en día la pérfomance –como se dice- es un mandato absolutamente ineludible. Todo el mundo tiene que rendir, tiene que rendir mucho, todo el mundo tiene que producir mucho, tiene que ser exitoso y ¿qué lo pasa al diferente con eso? ¿Cómo hace con eso? Nunca torturé a ninguno de mis compañeros de escuela que tenían otro ritmo por ahí. O nunca torturé al que no jugaba bien al fútbol porque era un músico excelente aparte y quizás el muchacho que peor la pasó en la secundaria sé que es un exitosísimo ingeniero en sistemas que ha revolucionado una cosa por ahí. Eran diferencias que incluían algunas potencialidades. No sé si hay algo más específico en relación a esto. A mí el resto me lo ha dado el trabajo porque encontrarme ocho horas por día de lunes a viernes con personas diferentes hace que hasta las personas que se consideran normales (entre comillas) neuróticos -como decimos los psicoanalistas- sean diferentes de los otros. Este trabajo nunca es aburrido porque cada cual viene con lo suyo y eso mismo se va renovando y se va modificando lo cual me parece la diferencia forma parte de mi sistema cognitivo. Yo ya pienso con la diferencia y no me sorprende. No me complica.

¿Cuál es la razón por lo que la cultura aborta a los diferentes?

Esto tiene algún origen porque si uno lee “La Historia de la Locura en la Época Clásica” de Michel Foucault ubica una época de que el loco forma parte de la cultura. Se me ocurrió un lindo ejemplo que está muy bien presentado en una película muy importante que es “Cinema Paradiso” donde hay un loco que durante toda la película handa gritando por ahí que la plaza, la plaza del pueblo: es de él. Y, a nadie le llama la atención eso. Está totalmente incluido. La noción de patología mental es una noción relativamente reciente. No existía en la antigüedad es decir que evidentemente algunos procesos culturales han tenido que ver con la producción de noción de locura y todos lo modos de diferencias. Digo la locura porque me parece la más emblemática de todas pero dentro de eso hay muchísimos matices. Los psicoanalistas nunca hablamos de los locos. En realidad la locura en sí ha quedado definida en psicoanálisis a partir de la idea de creer que uno es uno. Es decir creer en la coincidencia exacta del yo con la subjetividad que lo habita: ese es el loco. No el que se cree Napoleón. El loco es el que se cree que es él y desconoce todas las influencias y las incidencias y los efectos que el discurso, que su familia y que la historia ha producido sobre él. Hay una especie de experiencia de descentramiento subjetivo que es muy interesante cuando uno dice algo que no quería decir, el célebre acto fallido o lo que se puede llamar una compulsión. Cuando un paciente declara que: yo sé que no quiero hacer esto, yo sé que no tengo que hacer esto, pero no lo puedo evitar. Ahí hay un testimonio de que hay algo en él que no es él. Y, eso es bastante sano al menos la declaración de eso porque permite hacer algo con justamente con esa diferencia. No sé porque me empieza a sonar que el término de la diferencia es El Tema.

¿Por qué un niño puede ser dos o más cosas a la vez y el adulto no?

La respuesta que te voy a ofrecer es económica: por la represión. La represión es una palabra que … bueno a nosotros nos connota una serie de policías o militares pegándonos garrotazos pero en realidad es una palabra que da cuenta del efecto de la posición del sujeto de el otro social y su mejor ejemplo es la educación. Es la represión la que produce sobre los chicos una modificación y una adulteración –lo digo a propósito porque está metido el término adulto dentro de esto- porque es una adulteración de su posición infantil que no es para nada inocente por otra parte pero que es rica en matices. Vos fijate como es muy común esto de las indicaciones que se les da a los chicos, se lo invita a que se vaya unificando que deje de ser tanto, para ser siempre uno y el mismo. En algún sentido el mensaje es claro, es este: dejá de jugar, transformate en una persona adulta, dedicate a algo, hacete responsable, cuidado con lo que decís y esto que son mensajes constantes, porque esto son demandas constantes y continuas, que no se detienen nunca, le vienen prácticamente vienen de todos lados, terminan por efectivizar cierta represión y constituir un yo redondito cerrado y estable ¿no? No sé si será el mejor modo de presentarlo. En este sentido Freud tiene algunas ideas interesantes porque para Freud la educación no coincide estrictamente con la educación formal de las instituciones escolares sino para Freud la educación es justamente esto, es decir cualquier lugar desde el cual a un niño se le trasmita la indicación de que tiene que renunciar a ciertos modos de satisfacción. Y, bueno si uno piensa un poco y empieza a buscar ejemplos enseguida aparecen las imágenes de nosotros mismos diciéndoles a nuestros hijos: no digas esto, no hagas este gesto, no imites a ciertas personas y de esa manera se va bajando el mensaje con una enorme efectividad por otra parte.

¿Por qué el adulto “andariveliza” al niño y lo desbasta?

Yo creo que eso se puede hacer de buena manera ¿no? quizás podamos pensar en que la educación es un poco inevitable y que hay maneras de llevarla adelante con menor costo, con una especie de política de reducción de daños. Va a ser inevitable que esos niños se transformen en adultos. Lo que sí es evitable es que los efectos que todo ese proceso educativo produzcan secuelas que después sean susceptibles de llegarnos a nosotros como profesionales de la salud. Pero bueno hay muchísimos sistemas de funcionamiento casi me atrevería decir uno por familia y uno por familia a través de varias generaciones porque eso no se gesta en una sola generación que van produciendo que los chicos cada vez se encuentren con mayores problemas porque cada vez ciertas demandas son más extendidas, son más expandidas, y eso es complicado. Un mínimo ejemplo de esto: en el día de ayer tuve una entrevista con un matrimonio, voy a empezar a trabajar con su hija y no hubo manera de encontrar un horario para que me pudiera traer a su hija: el lunes tenía gimnasia artística, el martes tenía violín, el miércoles tenía computación, el jueves iba a la escuela de inglés, y el viernes iba a danza. No había ningún espacio para poder traer a su hija al psicólogo. Ellos no lo habían pensado antes de venir a verme. Yo me preguntaba y, no se los pregunté a ellos todavía, porque no sé si va a prosperar. Se comprometieron conmigo en hacer un espacio para poder traerla, pero yo me preguntaba por qué tanta demanda. Por qué a los chicos no tienen o no les permiten tener tiempos ociosos o tiempos de juego. Tiempos de televisión controlado, de computadora, controlado, no estoy en contra de los avances tecnológicos, al contrario creo que han producidos efectos notables en la cultura. Pero, por qué tanta demanda. Por qué esta impronta de ocupar a un niño consideramos que son niños que vienen de estar seis o siete horas en la escuela. Por qué Ponerles una actividad posterior que puede ser una, pero por qué cinco. ¿Qué se está buscando? ¿Cuál es el mensaje implícito? Esto me sorprende.

¿Por qué la cultura te impone tanta demanda?

Esto es algo que estamos investigando te diría. Estamos demasiado cerca del fenómeno para poder diagnosticarlo bien. Yo con lo que me encuentro es con los efectos porque estas cosas están impuestas bajo la forma de un trámite. O sea los chicos tienen que hacer actividades es una especie de axioma respecto del cual no ha encontrado a nadie que me diera una respuesta racional y coherente. Quizás tenga que ver con que los papás están muy ocupados y que los chicos salgan de la escuela y los padres necesiten una hora y media más para poder seguir trabajando, pero no me parece que esa sea la respuesta completa. Si me parece que están más cerca de una demanda de que los niños tengan que estar totalmente comprometidos con cosas que ofrezcan productividad. En alguna época yo recuerdo que cuando yo era chico nos mandaban a inglés. Nos mandaban a inglés porque en el futuro eso te va a ayudar a buscar un buen trabajo, te va a ayudar si decidís seguir estudiando nadie sabía que iban a existir las computadoras en ese momento. Pero bueno la profecía se cumplió, un poco. Hago una nota a pié de página y te digo que yo hablo francés, pero inglés no. Y ahí también marqué una pequeña diferencia. Pero no encuentro en el hecho de que una niña vaya a gimnasia deportiva, a violín. Esto es raro ¿eh? No encuentro ahí algo que se pueda pensar con la lógica que pueda prepararte para el futuro, a complementar la formación de la escuela hacia el futuro, me parece que es el hecho de seguí produciendo algo y me parece que estoy muy cerca del fenómeno para poder analizarlo con mucha claridad.

Me parece que en realidad dicen: seguí no estando

Obviamente esto no es sin las modificaciones en los roles parentales porque los papás se comportan respecto de los chicos de otra manera y las mamás también. Estamos hablando de mamás que trabajan, que trabajan a la par de los hombres, que ganan lo mismo o más que los hombres. Estamos hablando de chicos que pasan gran parte del tiempo en su casa al cuidado de personas externas a la familia personas contratadas, de niñeras. Eso también hace que las respuestas varíen. Si aparece un obstáculo no es lo mismo que ese obstáculo se resuelva con el papá o con la mamá, que se resuelva con una persona externa. No digo que sea mejor o peor. Sólo digo que es distinta. Son discursos diferentes lo que están presentes.

Puede pasar que la persona no lea o no escriba y esté a cargo de los chicos

Aparte una pequeña anécdota que puede parecer muy divertida en un caso en el que estuve trabajando con una colega ella me contaba que la persona que quedaba al cuidado de la hija era una persona que no sabía leer pero que nunca lo había dicho. La madre de la niña le dejaba las instrucciones, los teléfonos y el horario de lo que tenía que hacer se los dejaba por escrito y esta chica no sabía ni leer la hora. Es decir, fijate que fragilidad simbólica que hay ahí en juego como para poder colaborar con el dispositivo de lo que es la contención de un niño ¿no? Qué diferencia justamente.

¿Cómo nace el libro Reinventar la Debilidad?

Ocurre que en diciembre de 2.008 yo recibo en mi consultorio en Buenos Aires a una colega de la ciudad de Córdoba quien me viene a invitar en nombre de dos instituciones cordobesas un equipo de orientación escolar el equipo EFAP y la fundación OTIUM a participar de unas jornadas sobre la debilidad mental que se iban a realizar en la ciudad de Córdoba, sobre el tema de la Debilidad Mental. Tengo que decir aquí que la debilidad mental es un tema maldito en psicoanálisis. Y digo maldito a propósito porque es el subtítulo del libro: Reflexiones Psicoanalíticas en Torno de un Concepto Maldito. Maldito en el sentido de “male dictus” en latín: algo que está mal dicho. Es muy difícil decir ¿qué es la debilidad mental?, definirla, es muy difícil fijarla tiene como esta especie de formato como que uno la quiere agarrar por un lado y se escapa por otro, muy difícil realmente y eso lo que ha generado es que en cada intento –muchísimos colegas que intentaron trabajar sobre ello- siempre uno se quede con la idea de que no está completo el asunto, que le falta algo que pueda atraparlo por un lado pero se le escapó otra. Es así que cuando recibí la invitación me sentí muy incómodo, al principio porque yo pensaba, bueno pero esto es poco menos que imposible ¿yo qué voy a decir? no tengo teorizado esto tengo teorizada muchas otras cosas, al momento yo ya había publicado tres libros, pero sobre este tema no tenía nada publicado. Sí tenía algunos años de experiencia por haber trabajado en un hospital de día con niños que tenía diversas patologías graves y tenía la experiencia clínica de haber atendido muchos pacientes entonces hice algo que también aprendí a hacer en mi análisis, es huir para adelante y, acepté. Bueno la jornada se realizó en mayo del año pasado en un … finalmente fue en un cine el salón que la municipalidad había puesto a disposición para esto, fue absolutamente desbordado, fueron doscientas personas. Compartimos la mesa central con el doctor Gerardo García que es un analista muy importante, presidente de la Escuela Freudiana de Córdoba y yo, hicimos una intervención cada uno. Mi intervención fue rápidamente empezó a circular por Internet parecía ser que había encontrado algo allí y eso generó que inmediatamente me llamaran de la Colonia Montes de Oca en la provincia de Buenos Aires, un lugar complicado muy difícil para trabajar desde la residencia de psicología para comenzar un trabajo conjunto algo que también acepté y poco tiempo después me invitaron desde Córdoba porque yo había cometido la torpeza –en algún momento durante mi intervención en la jornada- bueno pero esto habría que darle una segunda vuelta así que me invitaron para el mes de septiembre para darle una segunda vuelta, otra vez acepté. Era una reunión un poco más chica solamente con la gente de los equipos pero realmente fue una segunda vuelta, en el medio ellos mandaron preguntas que les habían surgido en la lectura del texto anterior y se empezó a generar una especie de red de intercambio y después de volver de Córdoba en septiembre en realidad fue en un intermedio porque por gentileza de Aerolíneas Argentinas me quedé diez horas en el aeropuerto de Córdoba el día que tenía que volver y en esas diez horas tuve mucho tiempo de pensar y allí fue donde dije los textos de las dos conferencias pueden ser la base para un libro quizás esto se pueda abrir y ampliar más es así que empecé a trabajar con las desgravaciones de los temas de los textos, les di alguna forma y en el interín empecé a recibir escritos de colegas y me empecé a dar cuenta que esto quería decir algo pidiendo participar del proyecto y bueno finalmente en noviembre firmé el contrato con la editorial Letra Viva de Buenos Aires con la que ya había publicado ya mis anteriores libros y el libro salió para la Feria del Libro de este año. Pero es prácticamente un libro que yo no escribí es prácticamente un libro que se escribió solo en donde yo solamente me ocupé de coordinar un poco las cosas que se iban presentando y en darle forma para que fuera algo trasmisible, digo porque algunas cosas surgen de desgravaciones de conferencias quizás algunas cosas se podían perder en el pasaje al escrito. Bueno el libro está circulando. Fue presentado en Córdoba en mayo con buenos efectos, me parecía que la primera presentación debería ser en Córdoba por ser la ciudad donde se había gestado el proyecto. Bueno la hemos presentado aquí. Seguiremos la gira nacional luego en otras ciudades más. Lo más interesante es habernos animado, lo digo en plural. Somos muchos los que hemos participado del libro. Animado a intentar esto de reinventar la debilidad mental. ¿Qué hicimos? partimos de cero, es decir escribimos en el libro la lista de todos los artículos los artículos y los libros que hablan sobre el tema la escribimos todo consecuentes con otros autores que nos precedieron en el trabajo con esto gente muy respetable, algunos con ideas muy poderosas pero no utilizamos ninguna, generamos las nuestras a partir de dos indicaciones de autores importantes como Jacques Lacan, empezamos con un proceso de reflexión, hicimos lo que pudimos con eso dejando bien en claro en el texto que esto es de aplicación clínica es decir con la intención de que quienes lean esto en el libro sean personas comprometidas con la clínica de estos pacientes y que la lectura del libro sea como un disparador para pensar estrategias. En el libro no hay ninguna receta. Hay un curioso intercambio con una de las asistente a la primera conferencia en donde concretamente y sin ningún tapujo y sin ninguna vergüenza me preguntó si yo tenía alguna receta para recomendar y yo le dije que realmente que no que no la tenía y que no me parecía muy interesante que así fuera puesto que era la intención mía era ofrecer herramientas como para que a partir de esas herramienta cada uno pudiera hacer las intervenciones más apropiadas según los casos y según las áreas porque al haber de por medio un equipo de gente que trabaja en integración escolar había en el auditorio no solamente psicólogos sino que había también muchas psicopedagogas y había muchos talleristas es decir gente que coordina talleres en instituciones que tienen pacientes con estos perfiles es decir que la búsqueda de un lenguaje un poco más abierto un poco más claro también fue un intento toda esta propuesta y también forma parte de una propuesta de la idea de reinventar la debilidad mental.

¿En qué consiste reinventar la debilidad mental?

En principio consiste en no repetir, no repetir como un loro lo que dijeron otros, consiste en reflexionar. Es decir en reinventarla con cada caso y en cada situación con cada caso. Es decir no nos sirve una descripción fenomenológica o incluso estructural y decir la debilidad mental es así, así o asá. Eso no nos sirve porque eso no tendría como objetivo más que etiquetar a un paciente y decidir si entra o no entra ese no es el objetivo, el objetivo era poder problematizar, poder reflexionar hasta el punto de llegar a decir que en algún sentido todos tenemos posiciones que en algún momento pueden ser caracterizadas como de debilidad mental. La debilidad mental no supone patología orgánica alguna, esta es una diferencia muy importante. Sabemos que mucha gente que trabaja con los llamados discapacitados hoy en día se les dice personas con capacidades diferentes y muchos de ellos padecen un trastorno orgánico de base y sobre ese trastorno orgánico muchas veces se monta una patología de orden psicológico. La debilidad mental puede presentarse en personas con un trastorno orgánico o puede presentarse en personas que no padecen ningún trastorno orgánico yo diría es más bien una posición subjetiva, un modo de ubicarse ante lo que el lenguaje produce en los seres humanos. Lacan decía que los débiles eran unos vivos porque podían hacer algo que el común de los seres humanos hablantes no podemos hacer y realmente lo hacen con mucha efectividad y es hacer alguna maniobra respecto de aquello que nos compromete en el deseo del otro o aquello que nos compromete a preguntarnos por nuestro propio deseo esa dificultad que tantas veces experimentamos cuando no sabemos muy bien que nos pasa y qué queremos. El débil mental pareciera que sabe lo que quiere a condición de no preguntárselo y no hay manera de que un débil mental responda a ninguna pregunta acerca de qué pasa con el deseo justamente porque en ese punto ellos escamotean su posición subjetiva. Ahí es donde se escapan. ¿Cómo termina la historia de ese chico que llega a tu consultorio y no habla?

Ese chico pasó meses acomodando juguetitos, piezas de dominó, soldaditos, autitos y llenando el piso del consultorio. Él entraba, se dirigía directamente a la caja donde estaban los juguetes. Muchas veces intenté tomar contacto con él, nunca pasó nada así que me sentaba en el escritorio sencillamente a mirar lo que él hacía. Él por lo general me daba la espalda y acomodaba una ficha al lado de otra, una ficha al lado de otra. Seis meses duró eso, yo no hice otra cosa que quedarme sentado ahí lo recibía afectuosamente. Después empezó a darme un beso cuando llegaba, me daba un beso cuando se iba, pero su trabajo era acomodar piecitas. Él cubría el piso, él no quería que se viera el piso. Durante seis meses trabajamos así y digo trabajamos a partir de cómo termina esta primera parte de la historia porque después comenzó la historia porque hubo una mañana que en la mitad de ese trabajo, justo en la mitad, él se da vuelta me mira y me dice: “Pablo te quiero mucho” esa fue su primera frase. La verdad es que me produjo un impacto porque no esperaba que la primera frase fuera esa de ninguna manera pero cuando me dijo eso mi respuesta fue: “yo también, ¿te puedo ayudar?” y él me dijo: “dale”. Entonces a partir de ese momento empezamos a llenar el piso de fichitas juntos. Bueno el caso es larguísimo y muy interesante y finalmente salió la palabra. Cuando hablé con colegas me preguntaron: ¿cuál fue tu intervención? le dije: la paciencia. Creo que no estamos acostumbrados a tener paciencia

Paciencia y que nos miren, es bueno

Claro, pero muchas veces hace falta esto, tenerle paciencia. Paciencia a los tiempos del otro. No todos tenemos los tiempos del otro. Santiago se llamaba este chico, tardó seis meses para aceptarme.

¿Qué pasa en Córdoba cuando aparece el libro?

Sé que se lo está estudiando, sé que en alguna universidad lo han incorporado como bibliografía, me están pidiendo que por favor vuelva, a que sigamos trabajando, porque parece que hay como para una tercera vuelta y los efectos que encuentro empiezo a recibir correos desde allí. Colegas a los que no conozco me consultan por casos. Alguno se ha animado a enviarme un escrito sobre el tema que ha producido. Lo que yo noto es que hemos logrado es reinstalar el tema. No existe en nuestro país, digo que es un país que tiene una enorme bibliografía psicoanalítica sobre el tema se producen libros todo el tiempo. No existe ningún libro que se trate la debilidad mental desde el punto de vista del psicoanálisis, no existe. Hay solamente trabajos incluidos en recopilaciones revistas o alguna conferencia de alguien pero existe. No hay ningún libro en el que se trate este tema punta a punta de una manera completa. Creo que el intento seguramente será parcial, no está todo dicho, el libro no dice todo lo que se puede decir al respecto seguramente hay más pero seguramente es un principio.

¿De dónde viene el apellido Peusner?

Peusner es un apellido de origen judío alemán que probablemente ha estado escrito mal en la entrada de mis abuelos paternos a la Argentina hace muchos años. Yo supongo que el apellido se ha escrito inicialmente con una o, con diéresis y que al anotarlo aquí lo han transformado en una eu pero ese es el origen que proviene de una familia de judíos alemanes huidos en la época de la guerra aunque no tengo muchos datos porque mis abuelos paternos fallecieron cuando mi padre era muy chico entonces no tenemos ahí una tradición fuerte como para poder encontrarnos con esos datos.

¿Y tu mamá que apellido es? Mi madre es Calp gallega.

Por Félix Justiniano Mothe




Fotos: 1 de 2 Foto:elpsicoanalistalector.blogspot.com

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