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Asesinó cruelmente a su pareja y fue condenado a prisión perpetua

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Durante el juicio, el imputado Esteban Moya intentó demostrar que se había tratado de un accidente. El hecho ocurrió el 11 de diciembre de 2013.
En la última jornada del juicio por el crimen de Roxana del Carmen Navarro; el único imputado, Esteban Moya, recibió una condena ejemplar. El acusado convivía con Navarro, con quien tenía una hija de pocos meses. La asesinó disparándole con una tumbera. 

Tanto la Fiscalía de Cámara como la querella coincidieron en solicitar la prisión perpetua contra Moya, acusado de homicidio agravado. La defensa pidió que se contemplara una condena menor, por el delito de  homicidio simple. 

Antes de escuchar la sentencia, Moya hizo uso de sus últimas palabras. En ningún momento se arrepintió de asesinar a su pareja, quien tenía apenas 22 años cuando fue cruelmente asesinada por su compañero.

Los jóvenes y su pequeña bebé residían en un asentamiento en evolución detrás del Ingenio Concepción, en La Banda. Todo ocurrió en una humilde casilla de madera, en la mañana del 11 de diciembre de 2013.

Cerca de las 11.00, Moya apuntó su tumbera cargada con un cartucho del calibre 12 a pocos centímetros de la nuca de Navarro, quien tenía a su hija en brazos. Las consecuencias del impacto fueron irreversibles. La detonación a corta distancia destrozó el cráneo de la muchacha.  

Durante esos días, los policías tucumanos se habían acuartelado pidiendo mejoras salariales, mientras las calles habían sido ganadas por saqueadores. La provincia estuvo en crisis institucional y  muchas personas pagaron con su vida ese caos.    

Durante el juicio, el acusado intentó demostrar que se había tratado de un accidente. Aseguró que estaba borracho y drogado y que se fue a la cama empuñando el arma de fuego, que se accionó por accidente.

Para la Fiscalía de Cámara, Moya mató a su concubina porque mantenía otra relación sentimental en Salta. En tanto, la hipótesis de los celos fue sostenida por la querella.  

Aquella mañana, la joven regresó de casa de una familiar de su pareja donde había pasado la noche. No se había animado a regresar antes por temor a ser víctima de los grupos de saqueadores que en ese momento asolaban diferentes puntos de la provincia.

Moya había pasado la noche en la calle, junto a otros hombres del carenciado barrio. Regresó a casa a las cinco; su pareja y su hija llegaron a las 8.00. Entonces, después de una fuerte discusión y mientras Navarro sostenía en brazos a la pequeña Abril Esperanza, Moya le disparó por la espalda, totalmente a traición. La chica murió poco después en la guardia del hospital Angel Cruz Padilla.