El padre Fabián Brito, uno de los sacerdotes que asistió al retiro, recordó con emoción aquella semana. “Él ya hablaba de ir a las periferias, algo que después impulsaría como papa. Nosotros somos una diócesis pequeña, del interior del interior, y que él haya venido a predicarnos fue una bendición”, relata.
Bergoglio, jesuita, basó su predicación en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Pero su mensaje ya contenía los lineamientos que luego marcarían su pontificado: misericordia, humildad, cercanía con la gente. “Sus gestos eran de mucha humanidad. Predicaba con palabras breves, pero luego se quedaba a escuchar, a confesar, a hablar con nosotros. Lo supimos aprovechar”, afirma Brito en una nota publicada por La Gaceta, en 2023.
El retiro coincidió con un momento de dolor para la comunidad: la reciente muerte del joven sacerdote Ricardo Valdez en un accidente vial. Bergoglio acompañó en silencio, con escucha activa y palabras de consuelo. “Era alguien que contenía sin hablar mucho. Nos animaba a ser curas mansos, misericordiosos, cercanos al estilo de Jesús”, dice Brito.
La experiencia concluyó con una misa celebrativa en la catedral de Concepción y un asado de camaradería. “Se quedó hasta el final, disfrutó la sobremesa. No era una persona extrovertida, pero se integró con mucha naturalidad. A pesar de que era el cardenal, nos hacía sentir cómodos”, recuerda el sacerdote.
Cuando en 2013 fue elegido como papa Francisco, muchos en Concepción rememoraron esa visita. “Había fieles que se acordaban de su homilía en la catedral, porque sus palabras llegaban al corazón”, contó monseñor Rossi. Para él y para todos los que compartieron esos días con Bergoglio, su paso por Tucumán no fue solo una visita: fue una siembra de humanidad que sigue dando frutos.
