25.02.26
Miércoles | 21:06

Alerta UPD: los peligros de un festejo que pone en riesgo la salud de los jóvenes

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La Dra. Cecilia Rea advirtió sobre los graves riesgos del consumo de alcohol y la falta de supervisión adulta. La especialista enfatizó la necesidad de poner límites claros para proteger el desarrollo psíquico de los adolescentes.
El "Último Primer Día" (UPD) se ha consolidado como un fenómeno preocupante que moviliza a comunidades educativas y familias cada inicio de año. Esta práctica, que involucra a adolescentes que están a un paso de la adultez, exige una mirada atenta sobre la integridad de nuestros jóvenes. La Dra. Cecilia Rea destaca la necesidad de cuidar a quienes pronto se insertarán en el mundo universitario o laboral de forma definitiva. Resulta fundamental que los adultos asuman un rol activo para prevenir situaciones que puedan comprometer el bienestar físico y emocional.

Uno de los mayores peligros reside en la falsa creencia de que el alcohol funciona como un estimulante para la efusividad festiva inicial. Médicamente, esta sustancia actúa como un potente depresor del sistema nervioso central, apagando funciones cerebrales críticas a medida que aumenta su ingesta. "Se me va a ir apagando el cerebro de a poco a medida que el consumo aumenta", advierte Rea con una marcada preocupación profesional. El consumo excesivo deriva rápidamente en la pérdida de control corporal y mental, facilitando cuadros de intoxicación severa y desmayos.

La vulnerabilidad que genera el estado de ebriedad expone a los adolescentes a situaciones extremas de violencia o incluso abusos de diversa índole. Al perder el dominio sobre su propio cuerpo y sus facultades cognitivas, los jóvenes quedan desprotegidos frente a peligros externos y malas decisiones. La mezcla con otras sustancias ilícitas suele empeorar drásticamente el cuadro clínico, pudiendo transformar un festejo en una emergencia médica de alta complejidad. Es vital entender que la desinhibición momentánea oculta un riesgo sanitario profundo que no debe ser minimizado.

La ausencia de límites claros en el entorno familiar es señalada como uno de los factores que permiten el avance de estas prácticas. Poner límites es una muestra de presencia y autoridad necesaria para la construcción del psiquismo y la personalidad en una etapa formativa. "A los jóvenes y a los niños no les gustan los límites pero los necesitan", afirma la pediatra sobre la responsabilidad de los adultos. La escuela y el sistema de salud también tienen la obligación de marcar presencia, acompañando a los padres en esta tarea.

Como alternativa, la especialista sugiere buscar formas de celebración más sanas y siempre bajo la estricta supervisión de personas mayores responsables. No existe una necesidad biológica ni social de realizar eventos que se tornen violentos o "salvajes" para marcar el fin de una etapa. Lo ideal, según la visión médica, sería evitar directamente estas prácticas y optar por encuentros sin ingesta de alcohol ni sustancias nocivas. Fomentar el diálogo previo y la supervisión constante sigue siendo la herramienta más eficaz para proteger el futuro de los jóvenes.