La crisis económica nacional golpea con dureza al sector panadero tucumano, una industria que funciona como un claro reflejo de la realidad social. Pablo Albertus, referente de la Unión Industrial de Panaderos, advirtió sobre la drástica caída en las ventas diarias. "Somos termómetro social, te das cuenta rápido cuando hay falta de fluidez de efectivo en la calle", explicó el dirigente, detallando que los clientes redujeron radicalmente sus compras habituales de pan y facturas frente a la falta de dinero.
A la recesión en los mostradores se suma el incremento exponencial de los costos fijos, especialmente en los servicios básicos que resultan vitales para la producción. El representante gremial empresario fue categórico al describir el actual escenario de los comercios locales. "Hoy los servicios son prácticamente impagables; no es ganar plata hoy, es subsistir porque realmente margen de rentabilidad no tenemos", sentenció Albertus, subrayando que la prioridad actual es mantener las puertas abiertas y preservar los puestos de trabajo.
La inminente aplicación de la reforma laboral genera incertidumbre en una actividad asfixiada por una carga tributaria del 43% entre Nación, Provincia y Municipio. Albertus advirtió que muchos locales están refinanciando deudas impositivas para evitar caer en moras destructivas. Aunque reconoció que el tope de indemnizaciones podría beneficiar, alertó sobre la necesidad de mayor previsibilidad económica para no fomentar el trabajo en negro. "Necesitamos la ayuda del gobierno para hacer un acompañamiento hacia la formalidad", reclamó el referente industrial.
El impacto sostenido de esta crisis financiera dejó graves secuelas estructurales en la provincia, reflejadas en el cierre definitivo de casi 167 panaderías durante los últimos cinco años. Esta situación obligó a muchos ex empleados a iniciar emprendimientos informales desde sus hogares, lo que incrementó significativamente la competencia desleal en el mercado. En lugar de poder enfocarse en mejorar la calidad y capacitación, los dueños están abrumados buscando cómo cubrir los aportes y pagar la boleta de luz mensual.
La dirigencia panadera ya solicitó reuniones formales con los ministerios nacionales de Producción y Energía para presentar propuestas concretas de reactivación industrial. Sin embargo, existe una profunda preocupación por el discurso oficial frente a las dificultades que atraviesan las pequeñas y medianas empresas. "Si vos no sos productivo, si no tenés ganancia, listo cerrá, dedicate a otra cosa; esa es una decisión sin corazón", lamentó Albertus ante la dura postura del gobierno de no asistir a las industrias afectadas.
Pese a los intentos desesperados por innovar con productos más pequeños y económicos, el panorama a corto plazo mantiene al sector en estado de alerta máxima e ininterrumpida. La elevada inflación acumulada, el récord de cheques rechazados y el severo endeudamiento general de las familias anticipan meses extremadamente complejos. La situación patrimonial de las panaderías tucumanas se encuentra al límite del colapso financiero, enfrentando la peor crisis operativa, productiva y comercial de las últimas tres generaciones de trabajadores del rubro.