El secretario general de ATE Tucumán, Jorge Flores, encabezó una jornada nacional de protesta frente a la Casa Histórica para denunciar lo que calificó como la "motosierra del desquiciado de Milei". Según el dirigente, el gobierno nacional ya ha dejado en la calle a 63.000 trabajadores y amenaza con alcanzar los 100.000 despidos para fines de este año. La movilización busca visibilizar el impacto de estas medidas en los organismos nacionales con sede en la provincia. Flores enfatizó que la política oficial de "ajuste y hambre" no tiene precedentes en la historia democrática reciente del país.
En Tucumán, el desmantelamiento estatal ya es una realidad palpable con la desaparición de Agricultura Familiar y el vaciamiento de Desarrollo Social, donde apenas quedan cuatro empleados. El gremio alertó sobre el cierre de filiales de ANSES y la drástica reducción de personal en el PAMI, lo que afecta directamente la atención de los ciudadanos más vulnerables. La situación es crítica para los contratados, pero Flores advirtió que el avance oficial ahora apunta directamente contra la planta permanente de los organismos. Esta pérdida de institucionalidad deja a los trabajadores sin edificios y obligados a tareas remotas sin recursos.
La protesta estuvo protagonizada principalmente por el cuerpo de delegados provinciales y comunales, quienes se movilizaron en solidaridad ante el clima de temor que impera entre los empleados de base. Flores admitió que muchos compañeros tienen miedo de manifestarse por posibles represalias, pero aseguró que la dirigencia recuperará las calles para frenar el ajuste. El dirigente cuestionó duramente la falta de diálogo de la gestión nacional, afirmando que las decisiones dependen de la "situación hormonal" con la que se levanta el presidente. Esta incertidumbre laboral paraliza el funcionamiento administrativo y genera una angustia social creciente.
Finalmente, el referente sindical criticó la actitud de Javier Milei al festejar públicamente cada cese de contrato, calificándola de "inconcebible" ante los altos índices de desocupación. ATE Tucumán confirmó que este es solo el comienzo de un plan de lucha que incluirá paros sucesivos hasta que el Estado detenga la reducción de sus estructuras básicas. El gremio reafirmó que el poder debe entenderse como una herramienta de transformación y no como un arma para destruir el sustento de las familias argentinas. La resistencia continuará en las calles mientras la amenaza de nuevos recortes masivos siga vigente.