Este jueves, los cronistas que habitualmente ingresan con su huella dactilar se encontraron con el acceso denegado. La explicación oficial fue administrativa: el vencimiento de una prórroga de las acreditaciones. Sin embargo, el trasfondo huele a una paranoia total vinculada a la seguridad y al control absoluto de la imagen presidencial.
El detonante habría sido un equipo de TN que utilizó anteojos Ray-Ban con cámara incorporada para filmar pasillos de la casa de gobierno sin autorización. Esto desató la furia de Javier Milei, quien tildó a los periodistas involucrados de "basuras repugnantes", y derivó en una denuncia penal contra Luciana Geuna e Ignacio Salerno.
Lo llamativo es que esta "limpieza" de prensa ocurre justo el día en que Milei recibe a Peter Thiel, el fundador de Palantir (la gigante del ciberespionaje), lo que alimenta las sospechas de que el Gobierno busca blindar la Rosada de cualquier mirada curiosa mientras negocia con figuras clave de la tecnología de vigilancia global.
El "Manual del Espionaje" y el control a los periodistas
Esta medida no es aislada. Ya hace unas semanas se había restringido el acceso a ciertos medios usando como excusa un informe sobre supuesta "propaganda rusa" destinada a desestabilizar al país.
Ahora, el plan del Ejecutivo parece ir más allá de las acreditaciones: buscan enviar un proyecto al Congreso para obligar a los periodistas a presentar declaraciones juradas de bienes, equiparándolos con funcionarios públicos.
