Pedro Buiatti, titular de la Sociedad Amigos del Árbol, advirtió sobre la crítica situación hídrica que atraviesa San Miguel de Tucumán debido a la falta de una planificación urbana coherente. Durante su intervención, explicó que el crecimiento desmedido de la mancha de cemento ha reducido drásticamente la capacidad de absorción del suelo, transformando cada tormenta en una amenaza. Para el especialista, el problema radica en que las infraestructuras de desagüe han quedado obsoletas frente a una demanda que no para de aumentar de forma desordenada. "Todo es material no absorbente, los edificios y las casas han dejado muy poco suelo libre", sentenció al describir el avance del desarrollo inmobiliario. La saturación de la trama urbana exige hoy una revisión integral de los espacios verdes remanentes.
El análisis de Buiatti puso especial énfasis en los errores estratégicos cometidos al autorizar urbanizaciones en la zona de la pedemontana, donde se encuentran las áreas naturales de infiltración hídrica. Según el experto, la ubicación de barrios cerrados en estos sectores interrumpe el ciclo natural del agua y acelera los escurrimientos hacia las zonas más bajas de la capital. "Los barrios privados se han ubicado en zonas de pedemonte donde jamás se debería haber permitido que se instalen", afirmó con dureza sobre la gestión territorial. Estas decisiones, impulsadas a menudo por intereses inmobiliarios, han saturado las napas y comprometido la seguridad de miles de vecinos tucumanos. La falta de control en el crecimiento hacia los cerros agrava la vulnerabilidad hídrica.
Desde una perspectiva técnica, el referente ambiental detalló que una lluvia intensa de cien milímetros puede descargar cien millones de litros de agua sobre la ciudad en apenas media hora de tiempo. Buiatti subrayó que ningún sistema de drenaje actual, por más eficiente que sea, tiene la capacidad de evacuar semejante volumen líquido de manera inmediata si no existen zonas de absorción. "La solución no vale dos pesos, la infraestructura para una reforma del sistema de desagües demanda mucho dinero", aclaró respecto a los altos costos de inversión estatal. La adaptación de la infraestructura urbana a los nuevos regímenes pluviales requiere una planificación financiera de largo plazo y una voluntad política que trascienda la coyuntura electoral o los discursos partidarios de turno.
En este contexto, la Sociedad Amigos del Árbol integra activamente la comisión para la reforma del Código de Planeamiento Urbano en el Concejo Deliberante, buscando aportar una visión técnica que mitigue el impacto. Buiatti destacó la importancia de este debate para actualizar normas que han quedado desfasadas frente a la realidad climática y el crecimiento explosivo de los últimos años. "Lo que está faltando es que la planificación acompañe al crecimiento para solucionar problemas estructurales", indicó el experto sobre la necesidad de acuerdos multisectoriales. El objetivo principal es incorporar ideas innovadoras que permitan recuperar áreas verdes y mejorar la permeabilidad del ejido urbano antes de que el daño ambiental sea irreversible para la comunidad.
Finalmente, el especialista advirtió que la solución a las inundaciones no será inmediata y dependerá de que la técnica prevalezca sobre la demagogia política que suele aflorar durante las crisis. Criticó que, en muchas ocasiones, los problemas de infraestructura se utilicen como "agua para el molino" de sectores opositores en lugar de buscar soluciones de fondo que beneficien al conjunto social. "Es un problema muy serio que no se soluciona mañana, requiere un cambio profundo en los negocios inmobiliarios", concluyó Buiatti al cerrar su diagnóstico sobre el futuro ambiental. El desafío para las autoridades locales será equilibrar el desarrollo económico con la preservación de los servicios ecosistémicos que solo el arbolado y el suelo absorbente pueden garantizar.