La realidad económica de los adultos mayores en nuestra provincia atraviesa un momento sumamente crítico, forzándolos a tomar decisiones que atentan directamente contra su propia supervivencia cotidiana y su dignidad humana. En este contexto de magros ingresos, Elena del Valle Maidana, representante del Consejo Provincial, advirtió sobre la extrema vulnerabilidad que padecen a diario: "Tienen que optar entre comer o curarse, porque o te curás o pagás una boleta de luz o una boleta de gas".
A esta desesperante situación material se le suma una problemática silenciosa pero igual de devastadora: la violencia hacia los abuelos que se gesta puertas adentro de sus propios hogares y destruye sus vínculos básicos. "Una cosa es la falta de empatía de la sociedad, pero otra es cuando nos damos cuenta de que esa violencia física, emocional y económica está instalada en la propia familia", lamentó Maidana al describir esta cruel y dolorosa cadena vertical que hoy atraviesa a toda nuestra comunidad.
Las deficiencias estructurales en el sistema de atención médica y previsional agravan este panorama desolador, dejando a la deriva a quienes más necesitan inmediatez en sus tratamientos, cirugías e insumos diarios. Sobre las alarmantes demoras y la falta de respuestas en las prestaciones de salud como las del PAMI, la dirigente subrayó que esta realidad "deja mucho que desear" y obedece, en innumerables ocasiones, a "la falta de empatía o de ponerse verdaderamente en el lugar del otro".
Frente a este crudo escenario de abandono integral, las demandas de la tercera edad trascienden lo estrictamente monetario y apuntan hacia la urgente necesidad de recomponer el tejido afectivo, el respeto mutuo y la contención. "Lo único que necesito es ser mirado y escuchado para sentirme vivo", le confesó un jubilado a Maidana, quien concluyó con un profundo llamado de atención para la sociedad actual: "Envejecer es solo cuestión de tiempo; no pedimos mucho, pedimos que nos miren, escuchen y respeten".