28.08.26
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Desigualdad de género: las mujeres poseen mejor educación, pero menos salario

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Un exhaustivo informe del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Tucumán reveló que las trabajadoras sufren una persistente disparidad de ingresos mensuales frente a los hombres. La economista Florencia Correa Deza explicó que la causa principal no radica en la discriminación salarial por hora, sino en la desigual distribución de las responsabilidades domésticas no remuneradas que obligan al trabajo a tiempo parcial.

La diferencia de ingresos mensuales entre hombres y mujeres, una realidad que atraviesa a todos los países del mundo, se acentúa en la provincia de Tucumán, en donde se ubica por encima del promedio nacional. A esta conclusión arribaron desde el Laboratorio de Políticas Públicas de la UNT, como resultado de un exhaustivo monitoreo realizado en el mercado de trabajo tucumano. La economista Florencia Correa Deza, integrante del equipo a cargo de la investigación, detalló que esa brecha se sostiene en el tiempo, a pesar de que las mujeres presentan mayores niveles de educación que sus pares masculinos. La diferencia radica en que ellas disponen de menos tiempo para dedicar a empleos formales remunerados. 

Según el relevamiento, a medida que intensifica el peso de la crianza y la atención del hogar, actividades no remuneradas que recaen casi de manera exclusiva sobre las trabajadoras, menores son las posibilidades de generar ingresos formales. "Nosotros venimos viendo que a lo largo de estos últimos años las mujeres percibimos menos ingresos que los hombres en el mercado de trabajo y las mujeres tucumanas menos aún que en el promedio nacional", advirtió Deza en diálogo con Prensa Multimedios.

Al desagregar las estadísticas, los analistas descubrieron que la brecha desaparece cuando se evalúa el valor percibido por hora trabajada. Esto confirma que el trasfondo del problema es la imposibilidad de cumplir jornadas laborales completas debido al esquema desigual de reparto de tareas domésticas. Ante este escenario, la búsqueda de mayor flexibilidad horaria impulsó la expansión del cuentapropismo e incrementó el empleo informal o secundario para intentar cubrir el costo de vida familiar. "Cuando nosotras participamos en el mercado de trabajo lo hacemos menos horas y esto tiene que ver con la contrapartida del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado al interior del hogar", remarcó la especialista.

Por otro lado, la legislación vigente sobre licencias por maternidad y paternidad actúa como un desincentivo para la contratación de mujeres en el sector privado. La disparidad en los días otorgados a madres respecto a los padres (90 a 2) consolida el prejuicio de que la atención familiar corresponde de manera prioritaria al rol femenino. Para mitigar estas distorsiones laborales, Deza sostiene que es necesario reformar los marcos regulatorios implementando licencias parentales obligatorias y compartidas que promuevan la corresponsabilidad. "Hoy la licencia por maternidad significa un elemento que profundiza esas brechas porque lo que hacemos desde la legislación es reforzar el concepto de que las mujeres somos las principales encargadas del cuidado", señaló.

Asimismo, la investigación remarca la importancia de aplicar políticas públicas provinciales que adapten las condiciones en rubros históricamente masculinizados. La incorporación de trabajadoras en sectores como la construcción o el transporte público profesional demostró experiencias exitosas de inserción cuando existen decisiones institucionales enfocadas en adaptar herramientas. Sin embargo, cualquier política de cupo resulta insuficiente si el Estado y las empresas no garantizan una infraestructura comunitaria o estatal adecuada para la atención de niños, adolescentes y adultos mayores. "Por mucho que nosotros hagamos en materia de sectores o legislación, si no tenemos solucionada una estructura de cuidados y corresponsabilidades que le permita a esa mujer salir a trabajar, no van a dar resultado las políticas de inclusión", subrayó la economista.

Finalmente, el estudio advierte sobre el vertiginoso aumento del pluriempleo y el trabajo precarizado como vías de supervivencia económica. La pérdida de poder adquisitivo generalizada impulsó a muchas mujeres a recurrir a servicios de transporte por aplicaciones y pequeños emprendimientos para complementar los ingresos. Correa Deza sostiene que para cerrar las brechas estructurales de género se requiere una intervención estatal articulada que priorice tanto la equidad salarial como el reconocimiento formal del trabajo de cuidado. "El indicador de pluriempleo se dispara lo que da la pauta de que un solo salario no es suficiente y que sobre todo las mujeres necesitan más de un empleo para poder juntar el dinero necesario para llegar a fin de mes", concluyó.