Llegó el día que nadie quería que llegara. Con una carta de puño y letra, acompañado por video que estremeció en las redes sociales, Lionel Messi anunció su retiro de la Selección Argentina. A los 39 años, el ídolo nacional cerró su gloriosa etapa en la Mayor y la camiseta N°10 quedó huérfana por la despedida de, para muchísimos futboleros, el mejor jugador que la vistió.
Si bien era sabida que Leo estaba atravesando sus últimos momentos con la Albiceleste, la noticia no deja de impactar en el país y el mundo entero. Su adiós se cala hasta los huesos porque marca el final de una historia que tuvo todo tipo de giros: el comienzo fulgurante y la comparación obligada con Diego Armando Maradona, las finales perdidas y el primer alejamiento, los triunfos que ya son estadística y leyenda, la Copa del Mundo y una ovación que será eterna.
Solo él y los suyos conocerán todas las razones por las que decidió colgar los botines en la Selección. Pero el propio Messi dejó entrever una, sobre todo en el pasaje final de su escrito. Allí, después de hablarle a corazón abierto al pueblo argentino, sumó un asterisco que revela la verdad de fondo: “Estas palabras las escribí el 21 de julio, dos días después de la final. Hoy después de lo de mi papá, estoy más convencido que antes”.
Fallecido el 8 de agosto en Rosario, Jorge era mucho más que su padre: era su confidente y su hincha número uno, desde mucho antes de que tocara el cielo con las manos y demoliera récords. Así como festeja los goles en honor a su abuela Celia, con los índices apuntando hacia arriba, Messi jugó siempre para enorgullecer a Jorge, desde que era apenas un pichón de crack en el Club Grandoli de Rosario.
Aunque pareciera que los dioses del fútbol nunca se jubilan, Leo siempre tuvo la lucidez de sentir el paso del tiempo. Hoy, con 39, mira hacia adelante y el Mundial 2030 le queda demasiado lejos, incluso la Copa América 2028. Ya de por sí había tenido que evaluar si jugaba esta última Copa del Mundo. “Fue una decisión que dolió y duele en el alma, pero entiendo que es el momento”, escribió. Y remarcó, entre el presente y lo que viene: “Queda poco y se van cerrando etapas, y esta es una que me duele mucho”.
Demostró en Estados Unidos que sigue marcando la diferencia con y sin la pelota en los pies (ocho goles –un triplete en el debut- y cuatro asistencias en ocho presentaciones), pero ya no seguirá manejando el juego a su gusto y placer ni frotará la lámpara en los momentos en los que más se lo necesita. Para representar a la Selección hay que estar al 200% y Messi aclaró que ya no lo está, no solo en el aspecto físico y futbolístico, sino mental: “Me vacié, ya no tengo más para dar”. Se va como campeón del mundo, bicampeón de América y ganador de la Finalissima. Pudieron haber sido más títulos, pero cayó en tres finales de Copa América (2007, 2015 y 2016) y en dos de la Copa del Mundo (2014 y 2026).
