La estructura poblacional de Argentina atraviesa una transformación profunda y acelerada. Según datos presentados en el XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, el país registró 413.135 nacimientos en 2024, lo que representa una caída del 46% en comparación con los 770.040 nacidos vivos de 2015.
Este fenómeno se traduce en cerca de 357 mil nacimientos menos por año en menos de una década, situando la tasa global de fecundidad en torno a los 1,2 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1).
Una ventana de tiempo limitada: los próximos 10 años
De acuerdo con un informe elaborado por el economista Eduardo Levy Yeyati y el demógrafo Rafael Rofman, Argentina todavía dispondría de aproximadamente una década de impulso demográfico antes de que la proporción de personas en edad de trabajar deje de crecer.
Este beneficio histórico, conocido como el primer dividendo demográfico, ocurre cuando aumenta la población laboralmente activa en relación con los sectores dependientes (niños y adultos mayores), lo que históricamente favorece el ingreso por habitante. Sin embargo, este margen tiene fecha de vencimiento:
El agotamiento regional: Países como Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica ya alcanzaron el punto máximo de este impulso. A nivel global, economías como Japón, China y Corea del Sur muestran fases avanzadas de envejecimiento y contracción laboral.
El desafío argentino: Al igual que Uruguay, México y Panamá, Argentina conserva un margen cercano a diez años. No obstante, los especialistas advierten que este dividendo por sí solo no reemplaza las mejoras estructurales.
La necesidad de un "segundo dividendo" y el rol de la tecnología
Ante el fin gradual del bono demográfico, los expertos señalan que el crecimiento económico ya no dependerá de tener más trabajadores, sino de elevar la productividad.
Esto exige construir un segundo dividendo demográfico mediante:
Inversión y capital humano: Destinar recursos a la educación, la infraestructura y la investigación.
Adaptación tecnológica: La escasez de mano de obra puede estimular la automatización y la adopción de herramientas como la inteligencia artificial, aunque su éxito depende de la capacidad financiera y de conectividad del país.
Flexibilización laboral y social: Fomentar una mayor participación femenina en el mercado, extender las trayectorias laborales de forma voluntaria y repensar los esquemas de formación continua.
El impacto en la salud, la economía y la sociedad
Para Andrea Falcone, cofundadora de The Shift, el mayor riesgo radica en "seguir pensando y actuando con un modelo de vida y de organización social que ya no responde a la realidad" de una sociedad con una longevidad extendida —con expectativas de vida que superan los 90 años— y baja natalidad.
Por su parte, desde la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), su presidente Agustín Pasqualini subrayó que la planificación reproductiva debe integrarse a los controles ginecológicos habituales. El objetivo no es promover la maternidad, sino brindar información temprana sobre los límites biológicos y las opciones de fertilidad ante las postergaciones de orden socioeconómico y personal.
El envejecimiento poblacional y la caída de la natalidad exigen rediseñar urgentemente los sistemas de jubilaciones, cuidados, salud y educación, impulsando lo que los especialistas definen como resiliencia demográfica: la capacidad colectiva e individual de anticiparse y reorganizarse frente a una nueva realidad.
