La conmoción social generada por la violenta agresión sufrida por una pareja de jóvenes en el microcentro tucumano el pasado fin de semana expuso la gravedad de los discursos de odio hacia las minorías. Diversas organizaciones sociales y referentes de la diversidad sexual manifestaron su más enérgico repudio ante un hecho que trasciende cualquier disputa vecinal y que terminó con uno de los jóvenes agredidos en terapia intensiva. Al analizar la brutalidad del ataque físico contra Iván y Fran, el activista Bruno Bazán sostuvo que "no tenemos duda de que esto ha sido un ataque homofobiante".
El hecho ocurrió la noche del domingo 25 de octubre en un edificio de calle Muñecas al 60, en pleno microcentro de San Miguel de Tucumán. Según la reconstrucción de allegados y de organizaciones LGBT+, el conflicto empezó por el uso del ascensor durante una mudanza dentro del edificio. Primero hubo una discusión con un grupo familiar, pero la situación cambió cuando los agresores se dieron cuenta de que Francisco e Iván eran pareja. En ese momento los insultos se convirtieron en golpes.
La familia de las víctimas señaló como responsables a dos hombres, padre e hijo, de apellido Otero. El hijo sería fisicoculturista y, según la denuncia, en la golpiza habrían participado otras personas.
Iván y Fran sufrieron graves lesiones que requirieron la internación hospitalaria de uno de ellos tras ser golpeados con una saña desproporcionada en comparación con la magnitud del entredicho inicial. Para Bazán, la violencia física ejercida refleja prejuicios arraigados que se descargan con mayor impunidad contra las parejas disidentes. En este sentido, advirtió sobre los riesgos de naturalizar estas expresiones hostiles en la vida cotidiana. "Si dejamos que esto se naturalice, cualquiera que odie a las personas homosexuales se creerá con derecho a lastimarlos", agregó.
Por otro lado, sostuvo que la ubicación del hecho, que ocurrió en plano centro tucumano, desmoronó la falsa percepción de seguridad que las personas de la comunidad perciben dentro de las cuatro avenidas. Históricamente, los espacios urbanos densamente poblados representaban zonas de menor exposición a la violencia explícita en comparación con las periferias provinciales y rurales. En relación a la indefensión sufrida en pleno corazón de la capital, el activista advirtió que "si te ven mariquita en la peatonal, cualquiera puede violentarte".
Uno de los factores que contribuye a profundizar la problemática, sostiene Bazán, es la ausencia de organismos especializados, tras la desaparición del INADI. Esto impide que exista un abordaje integral de los delitos motivados por la orientación sexual o la identidad de género de los damnificados. "No hay áreas del Estado que puedan intervenir rápidamente en estos casos y eso es un problema mayúsculo", subrayó.
Esta falencia estructural obliga a las familias a sostener en soledad los complejos procesos de acompañamiento psicológico, legal y sanitario tras las agresiones sufridas. Tampoco el sistema judicial tucumano ha dado muestras de estar a la altura y, por ese motivo, enfrenta históricos cuestionamientos vinculados a la falta de perspectiva de diversidad en la investigación y procesamiento de causas graves. Al respecto, el referente LGTBIQ+ aseguró que "la justicia tiene muchos problemas en poder atender la particularidad de la diversidad".
Frente a las falencias institucionales, Bazán contó que la comunidad se apoya en la solidaridad ciudadana y el respaldo familiar, que se convirtieron en los únicos pilares de contención para los jóvenes afectados. "Las muestras de apoyo expresadas por vecinos son muy importantes para el reconocimiento y el respeto de las identidades que no se ajustan a la heteronorma. La reacción de la gente demostró que nosotros somos parte de la sociedad", sentenció.