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Tensión en Venezuela: Rusia envió un submarino para custodiar un petrolero

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El Kremlin decidió escoltar un buque sancionado por Washington que busca evadir el bloqueo naval. La maniobra profundiza el enfrentamiento entre Moscú y Estados Unidos en el Atlántico.

La tensión geopolítica en torno a Venezuela escaló en las últimas horas luego de que Rusia enviara un submarino y otros recursos navales para custodiar a un buque petrolero perseguido por fuerzas de Estados Unidos, en una operación que ya lleva más de dos semanas en aguas del Atlántico.

Según informaron medios estadounidenses, el Gobierno de Vladimir Putin decidió escoltar al navío con el objetivo de evitar su incautación y permitir que el carguero logre eludir el bloqueo impuesto por Washington, una decisión que agrava el enfrentamiento diplomático y militar entre ambas potencias.

El petrolero, conocido inicialmente como Bella 1, es seguido por Estados Unidos desde el 21 de diciembre, cuando logró escapar de un bloqueo parcial frente a las costas venezolanas y frustró un intento de abordaje por parte de la Guardia Costera norteamericana.

De acuerdo con autoridades estadounidenses, el buque forma parte de una flota clandestina dedicada al transporte de petróleo para países como Venezuela, Rusia e Irán, en violación directa de las sanciones económicas impuestas por Washington.

El Wall Street Journal reveló que Moscú desplegó "un submarino y otros activos navales" para acompañar al petrolero, que viajaba vacío rumbo a Venezuela antes de evadir el cerco estadounidense. El barco se encuentra sancionado desde 2024, acusado de mantener vínculos con Irán y la organización Hezbolá, según reportes oficiales de Estados Unidos.

Desde el Ministerio de Defensa ruso cuestionaron el accionar occidental y denunciaron una vigilancia excesiva. "Por razones que no son claras para nosotros, el buque ruso recibe una atención acrecentada de Estados Unidos y militares de la OTAN, atención que es claramente desproporcionada a su estatus pacífico", señalaron desde Moscú.

El episodio vuelve a poner a Venezuela en el centro de un conflicto internacional de alto voltaje, con el petróleo como eje y el Atlántico como nuevo escenario de disputa entre potencias.