El mandatario estadounidense Donald Trump reactivó una estrategia de máxima presión sobre Irán al lanzar una cuenta regresiva diplomática y militar centrada en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más críticos para el comercio energético mundial. Lejos de desescalar la situación, el presidente estadounidense, lanzó una amenaza final: "Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás".
Este paso busca forzar a Teherán a garantizar la libre circulación de buques petroleros en la zona, tras reiteradas tensiones y amenazas que pusieron en riesgo el suministro global.
La medida combina advertencias públicas, posibles sanciones adicionales y el despliegue de influencia internacional para aislar a Irán si no cede ante las exigencias.
La presión sobre el estrecho de Ormuz no solo tiene implicancias geopolíticas, sino también económicas, ya que por allí transita una gran parte del petróleo que abastece al mundo.
Un eventual bloqueo o conflicto podría disparar los precios de la energía y generar inestabilidad en los mercados. En este contexto, la cuenta regresiva planteada por Trump funciona como una señal clara de urgencia, buscando una respuesta rápida de Irán mientras aumenta la tensión en una región históricamente marcada por conflictos estratégicos.
Desde Washington, la gestión de Trump había otorgado un plazo de diez días en los que las fuerzas militares de EEUU no atacarían instalaciones energéticas iraníes, con el objetivo de llegar a un alto al fuego y un acuerdo por la reapertura del estrecho de Ormuz.
Irán mantuvo este martes el bloqueo del estrecho de Ormuz y desoyó el ultimátum lanzado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una nueva señal de endurecimiento del conflicto en Medio Oriente. La decisión de Teherán elevó aún más la tensión internacional, mientras crece el temor a una escalada de una magnitud inédita.
