La iniciativa, que combina la supervivencia del sector rural con una oferta económica para el bolsillo del consumidor, se convirtió en el tema de conversación de la semana tras fijar un precio de lanzamiento de $7.500 el kilo.
Éxito de ventas y estrategia de mercado
La comercialización comenzó el pasado sábado y alcanzó su punto máximo el lunes, cuando se liquidaron las ocho medias reses provenientes de los primeros cuatro animales faenados. Según los responsables del local, el valor de $7.500 fue una decisión estratégica para romper la barrera del prejuicio y fomentar que los vecinos se animaran a probar un producto fuera de la dieta habitual.
"La aceptación fue inmediata; incluso varios clientes regresaron por más mercadería tras probarla", señalaron desde el comercio.
El burro: una respuesta a la sequía y los depredadores
Detrás de este fenómeno comercial existe un trasfondo productivo impulsado por el productor rural Julio Cittadini. El proyecto, que inició hace dos años, busca dar respuesta a las duras condiciones del campo sur:
A diferencia de las vacas u ovejas, el burro posee una rusticidad que le permite sobrevivir con pasturas escasas y en climas áridos.
La cría de ganado tradicional se ha vuelto inviable en muchas zonas debido al constante ataque de pumas.
Al no contar con suelos fértiles como otras regiones del país, el burro surge como el animal "perfecto" para la producción en suelo seco.
Hacia la consolidación del mercado
Lo que comenzó como una experiencia experimental ahora apunta a consolidarse. Tras el éxito de esta primera etapa, los impulsores del proyecto buscan que la carne de burro se convierta en una salida económica viable para los productores rurales y, al mismo tiempo, en una opción accesible para la canasta familiar de los chubutenses.
El debate entre la tradición ganadera y la innovación productiva ha quedado abierto, pero las góndolas vacías parecen indicar que, ante la crisis, los consumidores están dispuestos a explorar nuevas alternativas.
