El primer registro oficial se dio en el barrio Ciudadela, gracias al aviso de una vecina, lo que permitió la intervención de expertos de la Fundación Miguel Lillo y organismos de control.
Una capacidad reproductiva "explosiva"
La investigadora Eugenia Salas Oroño, encargada de la colección de moluscos de la Fundación Miguel Lillo, explicó que el clima húmedo de Tucumán ofrece un escenario ideal para su propagación.
"Pueden poner hasta 1.000 huevos por puesta y repetir el ciclo dos o tres veces al año", advirtió la especialista. Esta velocidad de reproducción permite que unos pocos ejemplares se conviertan en una plaga difícil de erradicar en cuestión de meses. Su llegada a la provincia suele ser accidental, transportados en macetas, madera o vehículos desde zonas donde ya están establecidos, como Brasil o el noreste argentino.
Riesgos para la salud y el ecosistema
El peligro de este molusco no es solo su tamaño, sino lo que transporta:
Riesgo Sanitario: Puede portar parásitos peligrosos en su baba, capaces de transmitir enfermedades a los seres humanos.
Daño Ambiental: Desplaza a las especies de caracoles autóctonos y altera el equilibrio natural.
Impacto Económico: Se alimenta de una enorme variedad de plantas, lo que lo convierte en una amenaza directa para cultivos y jardines.
Protocolo de acción: ¿Qué hacer ante un hallazgo?
Los especialistas enfatizan que bajo ninguna circunstancia se debe tocar al animal sin protección. En caso de encontrar un ejemplar, se recomienda seguir estos pasos: Utilizar guantes o bolsas plásticas para manipularlos, colocarlos en recipientes con sal para asegurar su muerte y destruir los huevos, e informar el hallazgo al Senasa, áreas de Fauna o autoridades municipales.
"El control temprano es fundamental para evitar que se convierta en una plaga incontrolable", remarcaron desde el sector científico, instando a la población a mantenerse alerta y colaborar con la detección temprana.
