Durante su exposición, Luque buscó despegarse de la acusación de "homicidio simple con dolo eventual", asegurando que su rol se limitaba a la neurocirugía y no al seguimiento clínico del astro. "Soy inocente y lamento mucho la muerte de Maradona", afirmó ante los jueces, mientras cuestionaba la validez científica de la autopsia, calificando de "insólito" el planteo de que Diego hubiera agonizado durante 12 horas.
La declaración de Luque no estuvo exenta de tensión cuando el tribunal repasó el rol de los otros seis imputados, entre los que se encuentran la psiquiatra Agustina Cosachov y el psicólogo Carlos Díaz. El neurocirujano insistió en que las decisiones sobre la internación domiciliaria en la casa de Tigre fueron consensuadas y que existía una "cadena de mando" donde él no era el único responsable.
Sin embargo, la fiscalía mantiene su postura basada en que el entorno médico ignoró las señales de alerta del deterioro físico de Maradona, permitiendo que el desenlace fatal ocurriera en un ambiente que no contaba con la infraestructura necesaria para un paciente de su complejidad.
Por otro lado, el juicio continúa bajo la sombra de los polémicos audios de WhatsApp filtrados años atrás, donde Luque y otros miembros del equipo médico utilizaban un lenguaje informal y, en ocasiones, despectivo para referirse al estado de salud de Diego. Aunque la defensa intenta invalidar estos mensajes como prueba de dolo, el impacto social y mediático sigue siendo un factor determinante en las afueras de los tribunales de San Isidro.
Se espera que en las próximas jornadas declaren los enfermeros que estuvieron presentes en las últimas horas del "Diez", cuyos testimonios podrían ser la pieza final para determinar si hubo un abandono de persona o si se trató, como sostiene Luque, de una descompensación cardíaca inevitable.
