Julio "Turco" Rasuk, referente de la cultura independiente en Tucumán, analizó con preocupación el cierre de espacios emblemáticos como Pangea. Para el productor, el fin de estas cooperativas culturales representa un síntoma alarmante de un modelo económico que asfixia a la autogestión. Rasuk destacó que, a diferencia de otras crisis, la actual se caracteriza por una voracidad que destruye el tejido social y artístico. "Resistimos la pandemia, pero esto ya es extremo", afirmó al comparar la situación con años anteriores donde el ocio aún persistía. El vaciamiento de los centros culturales marca un punto de inflexión crítico para la identidad nocturna y creativa de la provincia.
El productor también reflexionó sobre la llamativa quietud de la ciudadanía frente al constante avasallamiento de derechos y el aumento de precios. Según su visión, existe un adormecimiento social provocado por discursos de odio que impiden una reacción colectiva ante la pérdida de conquistas básicas. "La pregunta es qué hacemos que estamos tan quietos mientras nos quitan todo", cuestionó Rasuk durante la entrevista. Para el gestor, es momento de que la sociedad recupere la calle para defender su capacidad de llegar a fin de mes. La fragmentación social, alimentada desde el poder central, aparece como el principal obstáculo para una defensa coordinada del bienestar general.
A pesar del panorama desolador, la industria del espectáculo intenta sostenerse mediante una apuesta de alto riesgo que el Turco define como una "ruleta rusa". Cada producción masiva pone en movimiento una maquinaria que involucra a cientos de familias, desde técnicos y seguridad hasta feriantes locales. "Arriesgamos todo para que el equipo trabaje y las bandas puedan venir a nuestra ciudad", explicó sobre su rol actual. El objetivo no es solo la rentabilidad, sino evitar que la cadena de trabajo se corte definitivamente tras años de inversión. Sostener la actividad implica hoy absorber pérdidas significativas con la esperanza de que los grandes eventos logren equilibrar la balanza.
El análisis económico de Rasuk fue tajante al señalar que el plan actual del gobierno nacional impacta directamente en el consumo diario de la gente. El productor advirtió que no se trata solo de un problema del sector artístico, sino de una imposibilidad generalizada de acceder a la canasta básica. "Si no cambian el plan económico, nos vamos a chocar de frente", vaticinó con crudeza respecto al rumbo del país. La falta de dinero circulante en las calles ha modificado los hábitos de salida, obligando a los ciudadanos a priorizar servicios sobre el esparcimiento. Esta dinámica de supervivencia colectiva está vaciando los teatros y clubes, afectando incluso a las producciones de mediana convocatoria.
Para concluir, el productor apuesta a grandes eventos internacionales para defender el calendario anual y mantener viva la chispa cultural en Tucumán. La llegada de bandas consagradas funciona como un paliativo emocional y económico frente a un contexto que el entrevistado define como de derecha extrema. "Trabajamos pensando en perder lo menos posible para que el laburo se mueva", confesó Rasuk sobre la realidad operativa. Aunque el pesimismo sobre el rumbo político es evidente, la producción artística se posiciona como un último bastión de resistencia. El desafío será transitar los próximos años sin que el ajuste termine por silenciar definitivamente los escenarios de la región norteña.