El sector tambero tucumano afronta un panorama macroeconómico complejo debido al profundo desfasaje entre los valores regulados por el mercado y los costos operativos fijos de los establecimientos. El estancamiento del precio básico pagado al productor primario impide cubrir las inversiones mínimas necesarias para asegurar la reproducción del stock ganadero regional. "Para hacer una referencia, hoy el precio al productor ronda los 470 pesos por litro; estaría necesitando un valor cercano a los 600 pesos, que sería el valor de equilibrio", graficó Patricio Altamirano, presidente de la Mesa de Lechería, quien indicó que esta distorsión sectorial desincentiva la planificación a largo plazo y coloca a las unidades productivas en una situación de extrema vulnerabilidad financiera.
La brecha existente entre el valor percibido por los tamberos y el precio final exhibido en las góndolas comerciales responde a factores ajenos al proceso estrictamente productivo. El análisis realizado por la Mesa sobre la cadena de valor revela que la intermediación y los componentes impositivos estatales distorsionan el precio al que accede la población. "Vemos una brecha bastante grande; hay una fuerte carga impositiva dentro del valor del litro de leche que consume el consumidor final", aseveró el dirigente agropecuario en diálogo con Prensa Multimedios.
A pesar de la coyuntura restrictiva imperante, la cadena láctea provincial se erige como una estructura indispensable para el sostenimiento social y demográfico del interior tucumano. Los establecimientos productivos absorben mano de obra de forma intensiva a lo largo de todo el año, dinamizando las economías de múltiples municipios y comunas rurales. "Es una de las actividades agropecuarias que mayor mano de obra lleva, así que no tenemos que descuidar ese detalle", fundamentó el titular de la entidad sectorial, convencido de que el sostenimiento de las fuentes laborales es prioritario para evitar la migración rural y garantizar la estabilidad económica.
La variabilidad en los volúmenes de entrega de materia prima se encuentra sujeta a ciclos biológicos estacionales perfectamente identificados por las administraciones de los tambos norteños. Los picos de máxima productividad se concentran durante el período primaveral debido a la disponibilidad forrajera y las condiciones climáticas propicias para los rodeos de ordeñe. "En septiembre y octubre se dan los picos de producción en general en todo el país, y Tucumán no está ajeno a esa realidad", remarcó Altamirano. En ese sentido, contó que los productores planifican sus reservas alimenticias invernales para amortiguar las caídas estacionales de producción y sostener el abastecimiento continuo.
En pos de contrarrestar las mermas productivas y asegurar estándares de excelencia industrial, desde la Mesa de Lechería redefinieron los esquemas de manejo nutricional y ambiental de sus animales. La eficiencia en la conversión forrajera requiere de planificaciones científicas que equilibren los aportes energéticos y proteicos diarios de las vacas lecheras. "Tiene que ser una dieta muy equilibrada para lograr la producción necesaria, y no solamente en cantidad, sino en calidad", puntualizó el especialista técnico.
Por último, Altamirano explicó que la incorporación de infraestructura moderna orientada al confort en los tambos representa un eje central en la estrategia de supervivencia de los establecimientos regionales. El productor adviertió que reducir los niveles de estrés en las salas de ordeñe se traduce de forma inmediata en una optimización de los volúmenes obtenidos. "Hoy se trabaja mucho sobre el bienestar animal; un animal que está bien tratado y bien alimentado nos va a dar un producto de mejor calidad", concluyó.
