La precariedad laboral se ha convertido en una constante alarmante durante los últimos dos años y medio de gestión. Sangiorgio destaca que la destrucción de empleo formal —cerca de 340.000 puestos perdidos— no se compensa con la creación de monotributistas, un sector de altísima vulnerabilidad. El economista advierte que "el empleo que se crea es precario, muy vulnerable y no llega a compensar ni el 50% del empleo formal que se pierde", dejando a los trabajadores en una situación de desprotección ante un mercado interno paralizado.
Otro eje crítico de la entrevista es el impacto de los gastos fijos sobre el presupuesto de los hogares. Más allá de la desaceleración inflacionaria proclamada por el oficialismo, los costos en servicios, transporte y alquileres absorben gran parte de los ingresos. "Si uno mide el salario privado registrado en términos de estos gastos fijos, el salario ha perdido un 18% en términos reales", afirma Sangiorgio. Esta cifra revela una realidad asfixiante donde el 62% del presupuesto familiar se consume en gastos obligatorios antes del día 10 de cada mes.
Como consecuencia directa de esta pérdida de ingresos, el endeudamiento de las familias ha alcanzado niveles peligrosos. Ante la urgencia de cubrir necesidades básicas, muchos argentinos han recurrido a préstamos de bancos y plataformas fintech con tasas de interés usureras. Al respecto, el economista alerta: "La familia, ante la necesidad, no mira las tasas de interés, sino que mira si puede pagar la cuota; en la medida en que no haya un aumento del salario real, cada familia se va a ver cada vez más enterrada".
Finalmente, el especialista cuestiona la efectividad del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y los proyectos extractivistas como motor de crecimiento. Sangiorgio desmiente la promesa de generación de empleo masivo, citando ejemplos donde la importación de soluciones logísticas desplaza a la mano de obra local. "Tengamos cuidado cuando el gobierno nacional dice que los RIGI son la salvación, porque vemos que las empresas que ganan las licitaciones terminan importando ciudades enteras", concluyó el economista, instando a una reflexión crítica sobre el futuro productivo del país.