Habiendo dado vuelta la página el Gobierno tras el affaire Adorni, se aboca ahora de lleno a recuperar la agenda parlamentaria, fundamentalmente en los temas que más le preocupan. Y entre ellos, dadas las circunstancias y el tiempo perentorio que tiene para aprobarlo -no más allá de fin de este año-, el que más atención le merece por estos días es la reforma política. Un tema que formó parte del temario de extraordinarias, pero que hasta ahora solo tuvo una reunión de comisión en el Senado, cámara donde inició el proceso esta iniciativa.
Es el tema principal que por estos días tiene en sus manos el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, que afronta el desafío de arrancar su gestión con una cuestión por demás complicada, dadas las resistencias expuestas por los principales aliados de La Libertad Avanza. La suerte que vaya a tener Santilli en esta empresa definirá si este comienzo ha sido con el pie derecho o el izquierdo.
Porque a priori, la oposición en general ha expuesto de entrada su resistencia a eliminar las PASO. Y cuando hablamos de oposición, nos referimos a la más dura y a la dialoguista. Solo el oficialismo libertario es el que se propone despejar el camino hacia octubre de 2027 sin la escala de las elecciones de agosto.
Para destrabar resistencias entre sus aliados y reunir los votos necesarios en el Congreso, la Casa Rosada trabaja en una alternativa que considera que le permitiría mantener acuerdos electorales sin necesidad de recurrir a las primarias.
La iniciativa, que aún se encuentra en elaboración pero ha sido expuesta ya a los habituales aliados, contempla la creación de un mecanismo similar al de las listas colectoras, aunque adaptado al sistema de Boleta Única de Papel. Desde el oficialismo rechazan definirlo como una colectora tradicional o una reedición de la Ley de Lemas, pero admiten que permitiría que distintos espacios acompañen una misma candidatura presidencial conservando, al mismo tiempo, sus propias listas legislativas.
El objetivo político es claro: facilitar la construcción de un frente amplio detrás de una eventual candidatura de reelección de Javier Milei sin obligar a sellar alianzas formales entre La Libertad Avanza, sectores de la UCR, el Pro y fuerzas provinciales. De esa manera, los partidos aliados podrían preservar su identidad y representación parlamentaria mientras aportan votos a la fórmula presidencial libertaria.
Una apuesta que, en caso de ser aceptada fundamentalmente por radicales, el Pro y provinciales, sería ganancia pura para el Gobierno en busca de la reelección, pues entienden que favorece al oficialismo y perjudica al peronismo, que no tendría la posibilidad de una interna ordenadora.
La estrategia también apunta a seducir a los gobernadores, considerados actores decisivos para el futuro de la reforma. Varios mandatarios provinciales ven con interés la posibilidad de vincular sus candidatos locales a una boleta presidencial competitiva, aprovechando el arrastre electoral de Milei en sus distritos sin resignar autonomía política. En ese caso la ganancia pura para el Gobierno incluiría evitar mayormente los desdoblamientos electorales.
En este marco, el flamante jefe de Gabinete comenzó una ronda de conversaciones con gobernadores y dirigentes de la oposición dialoguista que se profundizará durante las próximas semanas. La intención oficial es llegar a un acuerdo que permita llevar el proyecto al Congreso una vez concluido el receso invernal. De más está decir que el texto enviado por el Ejecutivo será redefinido en estas semanas. Al menos en lo que hace al tema de las elecciones primarias.
Lo cierto es que con el correr del tiempo, las PASO funcionaron como un mecanismo para ordenar internas y seleccionar candidaturas, especialmente en lo que fue Cambiemos y luego Juntos por el Cambio. La eliminación de esa instancia genera reparos de parte del Pro y la UCR, por lo que el nuevo sistema intentaría ofrecer una herramienta alternativa de competencia y cooperación electoral.
Igual, las dudas persisten. Senadores de distintos bloques reconocen que todavía no conocen detalles concretos sobre cómo funcionaría el esquema dentro de la Boleta Única ni cuántas listas asociadas podrían habilitarse. Por esa razón, varios dirigentes consideran que la discusión aún se encuentra en una etapa preliminar.
El radicalismo aparece como una pieza central de la negociación, y es el principal objetivo a convencer por parte del Gobierno. Pasa que la reforma electoral requiere mayoría absoluta en el Senado y los 10 votos de la bancada radical son determinantes. Aunque algunos gobernadores y dirigentes de la UCR se muestran abiertos a analizar cambios en las PASO, otros legisladores sostienen que las primarias constituyen una herramienta valiosa para la competencia democrática y rechazan su eliminación.
Además, sostienen los radicales que un eventual apoyo establecería la posibilidad de acompañar una candidatura presidencial de Javier Milei, aun llevando en colectoras candidato propio. Y esto es algo que debe resolver la Convención Radical, en su momento, que no es el tiempo que establece la negociación legislativa.
Mientras tanto, el oficialismo confía en que el respaldo de mandatarios provinciales y sectores de la oposición dialoguista terminará inclinando la balanza. En la Casa Rosada consideran que un acuerdo amplio permitiría no sólo avanzar con la reforma electoral, sino también consolidar una construcción política más extensa de cara a las elecciones de 2027.
