El planteo del mandatario sobre la demografía y la economía
En su intervención, el jefe de Estado argumentó que el crecimiento económico está estrechamente vinculado al desempeño del mercado laboral y de la población. En ese sentido, apuntó con dureza contra la normativa aprobada en diciembre de 2020:
“Si una característica del crecimiento es el rendimiento del capital, también tiene importancia lo que pase en el mercado del trabajo y la población. De hecho, estamos pagando muy cara la locura de los pañuelitos verdes”, afirmó el mandatario.
Sostuvo además que la Argentina no alcanza una tasa de crecimiento poblacional que garantice la reposición, argumentando que esto impacta de manera negativa tanto en el desarrollo económico general como en el sistema previsional.
Los datos oficiales y las tendencias estadísticas
Las declaraciones presidenciales contrastan con las estadísticas oficiales registradas en el país. De acuerdo con los informes de la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud (DEIS), dependiente del Ministerio de Salud de la Nación, la caída de la natalidad en la Argentina no es un fenómeno reciente ni comenzó con la sanción de la ley, sino que mantiene un descenso sostenido desde el año 2014.
En 2014, el país contabilizó 777.012 nacidos vivos.
Para 2020 (año en que se aprobó la Ley 27.610), la cifra se redujo a 533.299, lo que representa una baja del 31,4% previa a la vigencia de la norma.
En 2024, último período con registros disponibles, la cantidad de nacimientos descendió a 413.135 (un 22,5% menos que en 2020).
Asimismo, las estadísticas muestran una fuerte desaceleración en la fecundidad adolescente, que cayó un 64% entre 2005 y 2023.
El contexto regional y global
Organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) señalan que el descenso de la natalidad es una tendencia generalizada en América Latina desde hace décadas. Según los informes de estas entidades, la reducción en las tasas de fecundidad está asociada a factores sociales y estructurales profundos, tales como:
La mayor inserción de la mujer en el mercado laboral y el incremento de su nivel educativo.
Las dificultades económicas para compatibilizar la vida laboral con la crianza.
El acceso ampliado a métodos anticonceptivos y la planificación familiar.
