La industria argentina continúa sin dar señales claras de recuperación y permanece en una fase de estancamiento estructural. La utilización de la capacidad instalada en las plantas manufactureras se ubicó en un 59,1%, un porcentaje que refleja el freno en la actividad y la imposibilidad de consolidar un sendero de crecimiento sostenible.
Según analizó el economista Germán Rollandi, un nivel saludable para el entramado productivo debería oscilar entre el 60% y el 75%, mientras que un uso cercano al 80% es el que habilita nuevas inversiones para ampliar instalaciones. En la actualidad, la métrica no solo está lejos de activar desembolsos de capital, sino que permanece por debajo de los guarismos registrados en 2019 y apenas por encima de los momentos más severos de la pandemia.
Golpe a las pymes y retroceso en el sector automotriz
El parate fabril impacta con disparidad entre los diferentes rubros de la economía, marcando una brecha entre las actividades vinculadas a los recursos naturales y la industria manufacturera tradicional:
Petróleo y energía: La refinación de combustibles figura como una de las pocas excepciones con signo positivo, apalancada por la actividad y expansión en Vaca Muerta.
Automotriz y textiles: Se posicionan entre los sectores más castigados. La industria automotriz registra una contracción del 18% en el uso de su capacidad instalada, presionada por el esquema cambiario y la competencia frente a la apertura comercial.
Esta coyuntura provocó el cierre de aproximadamente 30.600 unidades productivas en los últimos dos años y medio. Las pequeñas y medianas empresas sufrieron la mayor parte del impacto, con la desaparición de unas 28.600 microempresas de hasta 10 empleados. Asimismo, en el último año se sumó el cese de operaciones de 68 establecimientos industriales de gran escala (con más de 500 trabajadores).
Demanda discontinua y el peso del escenario electoral
El cierre de establecimientos incide de manera directa en el descenso del empleo industrial registrado. La dinámica actual se caracteriza por ciclos breves e inestables: tras varios meses de caída continua, se registra un repunte aislado motorizado por la necesidad de las empresas de recomponer inventarios, para luego volver a desacelerar ante la ausencia de un consumo firme.
En cuanto a las perspectivas para la segunda mitad del año, Rollandi advirtió que no se prevén cambios sustanciales:
Inversión: Los niveles de inversión se ubican entre un 12% y un 13% por debajo del periodo de comparación 2023-2026. Si bien el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) canaliza proyectos, estos se concentran de forma acotada en minería, energía eléctrica y petróleo, sin derramar masivamente al resto del entramado fabril.
Incertidumbre política: Las decisiones corporativas de mediano y largo plazo tienden a posponerse a la espera de mayor claridad respecto del rumbo económico y el desenlace del proceso electoral.
