Para el Ente Tucumán Turismo, el 22 de agosto no es una fecha más en el calendario para los tucumanos, un pueblo con corazón dulce que derrama cristales de azúcar. Es que ese día de 1966, la dictadura del general Juan Carlos Onganía decretó la intervención y el cierre de los ingenios azucareros, la industria madre de la provincia y del norte argentino.
Tucumán fue sinónimo de caña de azúcar prácticamente desde siempre. En 1821, el obispo tucumano José Eusebio Colombres fundó y desarrolló esta actividad, que ya lleva más de 200 años. Sin embargo, la historia del azúcar en nuestro territorio es incluso anterior a esa fecha.
Un documento histórico establece que, ya en 1646, don Juan Serrano tenía plantaciones de caña en una estancia de Tucumán, constituyendo uno de los testimonios más antiguos sobre este cultivo en la región.
Unos años más tarde, en 1670, los jesuitas que se establecieron en la zona de Lules instalaron un trapiche de madera movido por bueyes, a través del cual obtuvieron miel y sus derivados, y posteriormente azúcar. Con el golpe de Estado ocurrido el 28 de junio de 1966 se instaló en el país la autodenominada Revolución Argentina.
Entre sus decretos, Onganía dispuso el cierre de los ingenios bajo el argumento de que los problemas derivados del pago de salarios representaban una amenaza para la tranquilidad social.
La clausura de once ingenios fue una herida profunda en el corazón tucumano y sus consecuencias persisten hasta nuestros días. Más de 50 mil personas perdieron su trabajo y su fuente de subsistencia, mientras que más de 250 mil almas fueron forzadas a dejar su hogar para buscar un futuro lejos, en la metrópolis de Buenos Aires.
El éxodo que sufrió Tucumán fue histórico. Más de un tercio de sus habitantes de aquel entonces abandonaron esa tierra que supo ser un polo de atracción del Norte Argentino. Una tierra que antes emanaba azúcar. Este daño no fue aún mayor gracias a la valentía de los trabajadores, quienes decidieron enfrentar la medida ocupando las fábricas y organizando marchas y ollas populares que se erigieron como una resistencia heroica.
Hoy, esta fecha sigue vigente en la memoria tucumana. En el marco del calendario Agosto en el Ingenio, la Marcha de las Antorchas fue presentada en el Ente Tucumán Turismo como una de las actividades de mayor significación de esta propuesta cultural.
La jornada fue declarada en el cronograma como Día Nacional del Desagravio al Pueblo Tucumano y convocará a representantes de municipios y comunas rurales de las distintas jurisdicciones donde funcionaron establecimientos fabriles azucareros posteriormente cerrados.
La concentración comenzará a las 18 horas en la esquina de América y Eva Perón, en Lastenia, desde donde la comunidad iniciará la marcha hacia el Ingenio de las Artes.
La expresión cuenta con varias ediciones realizadas en el predio del ex Ingenio Lastenia y surgió como una iniciativa de la fundación propietaria del espacio con el objetivo de mantener viva la memoria de quienes fueron protagonistas de aquella historia.
En esta oportunidad, la marcha adquirirá además una dimensión provincial, con la participación de delegaciones provenientes de las localidades tucumanas atravesadas por el cierre de sus ingenios.
Las antorchas funcionarán así como un símbolo de una memoria colectiva que atraviesa generaciones y que continúa formando parte de la identidad de Tucumán.
En Lastenia, las antorchas volverán a caminar este sábado como símbolo de un pueblo que recuerda. Una luz por cada historia, por cada familia y por cada comunidad que atravesó aquel proceso. Una luz que no busca quedarse en el dolor, sino convertir la memoria en reparación, identidad y esperanza.
Cada 22 de agosto, una marcha de antorchas ilumina un poco aquella oscuridad, recordando un legado que aún derrama lágrimas, sudor, sangre y, ¿por qué no?, cristales de azúcar./Ente Tucuman Turismo
