28.08.26
Viernes | 20:44

Violencia en las escuelas: ¿En qué piensan nuestros jóvenes?

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Para el psicólogo Luciano Castillo, los recurrentes episodios de violencia e ingreso de armas en establecimientos educativos, no son hechos aislados sino de síntomas sociales que exigen atención urgente. El profesional enfatizó en la necesidad de generar lugares de encuentro y fortalecer la mirada de los padres en la vida digital de sus hijos.
Los recientes casos ocurridos en escuelas de Tucumán encendieron las alarmas institucionales e impulsaron un profundo debate sobre el rol familiar durante la adolescencia. El psicólogo Luciano Castillo, especialista en dinámicas juveniles, explicó que abordar estos episodios bajo el rótulo de eventos fortuitos impide diagnosticar de manera integral la crisis de contención que atraviesan los jóvenes. Para el profesional, el encierro prolongado y la interacción sin supervisión adulta en internet incrementaron considerablemente la brecha afectiva entre adultos y jóvenes dentro del propio hogar. "Es importante reconocer que más que un hecho aislado de lo que se trata son de casos paradigmáticos que necesitan atención porque algún mensaje nos están queriendo decir", sostuvo.

En ese marco, Castillo remarcó la urgente necesidad de reactivar la presencia adulta sin caer en mecanismos invasivos que anulen la privacidad durante esa etapa del desarrollo de los hijos. "Hay muy poca mirada porque si uno mira y atiende puede notar los comportamientos de un joven que se encierra o se aísla de su entorno", remarcó el psicólogo, quien advirtió que muchos padres desconocen hoy las dinámicas cotidianas, las publicaciones virtuales y el círculo de amistades digitales que sus hijos construyen a diario a través de las redes. Sumado a la falta de diálogo, se genera que comportamientos preocupantes como el aislamiento o los cambios abruptos de conducta pasen totalmente desapercibidas en el seno de la familia.

La situación se complica aún más cuando la respuesta de los mayores es responsabilizar únicamente al contenido digital o a la tecnología por la crueldad y las conductas extremas observadas en el aula. Una posible salida, sostiene, es canalizar las tendencias cotidianas de los adolescentes para construir proyectos comunitarios reales que promuevan la integración y la colaboración colectiva. Según su experiencia en talleres territoriales, ofrecer plataformas participativas y actividades recreativas tradicionales reactiva el sentido de pertenencia y disminuye fuertemente la vulnerabilidad emocional de los estudiantes. "No hay que alejar a los chicos de la tecnología sino potenciar esos lenguajes para generar espacios de encuentro presencial y de intercambio saludable", afirmó.

Finalmente, el profesional concluyó que la resolución de la violencia escolar demanda una corresponsabilidad activa entre instituciones educativas, el Estado provincial y los tutores a cargo. Resaltó que los propios adolescentes demandan marcos claros para poder llevar adelante sus inquietudes sin quedar expuestos al desamparo o al acoso entre pares. Restablecer el enlace social y brindar herramientas institucionales resultan medidas primordiales para prevenir futuros incidentes trágicos en los establecimientos provinciales. "Los jóvenes quieren hacer cosas pero necesitan sentirse acompañados y contar con esa luz adulta en el camino para no quedar desamparados", concluyó Castillo.