El papa León XIV, primer pontífice de la historia nacido en Estados Unidos, emprendió este viernes su esperada y ambiciosa gira pastoral por América Latina. A sus 71 años, Robert Prevost encabeza el viaje más largo de su pontificado —con un trayecto previsto de 30.577 kilómetros a lo largo de doce días—, el cual estuvo rodeado de incertidumbre hasta último momento debido a la intervención quirúrgica de pulmón a la que se sometió el pasado 13 de octubre.
Pese a los pronósticos reservados dentro del Vaticano, los exámenes médicos posteriores confirmaron que el Papa superó exitosamente la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho y no requiere tratamiento oncológico, lo que le dio luz verde para cumplir con un itinerario sumamente exigente: 14 vuelos, 10 ciudades, 32 discursos, 26 homilías y 12 saludos.
La primera parada: Uruguay
La gira comenzó este viernes en Uruguay, un Estado caracterizado por su fuerte secularización y donde el catolicismo ha experimentado un descenso en las últimas décadas (abarcando a cerca de un tercio de la población). Tras aterrizar en Montevideo tras 13 horas y media de vuelo, el Santo Padre mantendrá una intensa agenda de menos de 48 horas:
Actividad institucional: Encuentro con el presidente de centroizquierda Yamandú Orsi en la Plaza Independencia y el Edificio José Artigas, seguido de vísperas con el clero en la catedral metropolitana.
Recorrido federal y social: El sábado volará a Paysandú para presidir su primera misa, visitará el barrio Casavalle —una de las zonas más vulnerables de la capital— y encabezará una vigilia de oración en el emblemático Estadio Centenario.
Santuario Nacional: El domingo 8 se trasladará por vía terrestre a la localidad de Florida para rezar ante la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del país, antes de cruzar hacia la Argentina.
El tramo hacia la Argentina y Perú
Tras su paso por suelo uruguayo, León XIV concretará el esperado ingreso a la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre —marcando el retorno de un Papa al país por primera vez desde 1987—, para luego culminar el periplo en Perú, la tierra donde ejerció como misionero agustino y obispo de Chiclayo, y que representa el destino más personal y emotivo de su viaje.
