07.04.26
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Desde la UCA explicaron por qué la mejora en los datos de pobreza no parece real

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Julieta Vera, investigadora del Observatorio de la Deuda Social (ODSA), advirtió que el descenso de los índices festejado por el Gobierno nacional no coincide con la realidad del mercado laboral. "La mejora en el indicador de la pobreza por ingresos está relacionada a una debilidad de la medición", sostuvo.
La reciente difusión de datos que muestran una baja en los índices de pobreza e indigencia generó un fuerte cruce entre el discurso oficial y las mediciones técnicas independientes. Desde el Observatorio de la Deuda Social de la UCA son contundentes al analizar el optimismo gubernamental frente a un panorama que sigue siendo crítico para millones de argentinos. Para la especialista Julieta Vera existe una distorsión metodológica que impide ver la profundidad de la crisis social que atraviesa el país en la actualidad. "Sostenemos que es una mejora que está muy sobrerrepresentada a través de este indicador de ingresos", explicó la investigadora durante una entrevista con Prensa Multimedios.

El núcleo del cuestionamiento radica en que el indicador utilizado por el INDEC es unidimensional y solo contempla el flujo de dinero, ignorando factores estructurales de la vida cotidiana. Vera señaló que este método de medición indirecta no tiene en cuenta si una familia reside en una vivienda precaria o si tiene acceso real a servicios básicos y transporte. "Es un indicador que es unidimensional; no tiene en cuenta cuestiones de empleo, de mercado de trabajo o de hábitat", remarcó la experta. Esta limitación técnica genera una brecha significativa entre las estadísticas difundidas por el Ejecutivo y las condiciones de vida.

Otro punto de conflicto identificado por la UCA es la desactualización de los parámetros de consumo que se utilizan para definir quién es pobre y quién no en la Argentina de hoy. La canasta básica que sirve de referencia data de los años 2004 y 2005, lo que ignora por completo los cambios en los hábitos de gasto de las familias. "La canasta está desactualizada en términos de hábitos de consumo y de cuestiones que tienen que ver con la medición", advirtió Vera. Al utilizar parámetros de hace dos décadas, el indicador pierde precisión para captar el impacto real de la inflación en el bolsillo de los trabajadores.

La investigadora del ODSA también vinculó esta supuesta mejora con los procesos de inestabilidad macroeconómica y el comportamiento de los precios en los últimos meses del periodo analizado. Si bien existe una desaceleración inflacionaria respecto a los picos del 2024, esto no se traduce necesariamente en una recuperación del bienestar general de la población más vulnerable. "Vemos una mejora en este indicador, pero es un descenso que está muy vinculado al proceso inflacionario", aclaró la especialista sobre el fenómeno. Para la UCA, el éxito estadístico que celebra el Gobierno es más un reflejo de variables monetarias que de progreso social.

La realidad del mercado laboral es quizás el dato más preocupante que contradice el clima de festejo instalado en los despachos oficiales de la Casa Rosada y el Ministerio de Economía. Vera destacó que, lejos de una recuperación genuina, se observa una degradación constante de la calidad del empleo y una pérdida de puestos en el sector asalariado registrado. "Si uno analiza el mercado de trabajo y ve qué pasa con los asalariados formales, nota que hay pérdida de empleo", sentenció la técnica. Esta caída del trabajo formal empuja a más personas a la informalidad, las changas y el cuentapropismo de subsistencia.

Finalmente, la especialista advirtió que el panorama sigue siendo "bien complicado" a pesar de los intentos por instalar una narrativa de recuperación económica inmediata a través de las cifras. La diferencia entre lo que mide el Gobierno y lo que percibe la ciudadanía en la calle se profundiza por la falta de generación de fuentes de trabajo genuinas. "No hay mucho para festejar más allá de que conocemos que la mejora sería de muchos menos puntos", concluyó Vera. La advertencia del Observatorio de la UCA pone un freno a la euforia oficial y exige una mirada más profunda sobre la deuda social.