La manifestación, impulsada inicialmente por la asamblea de la carrera de Comunicación, expuso una fractura entre las decisiones de las autoridades y las necesidades cotidianas de quienes habitan las aulas.
El reclamo no solo apunta a las condiciones edilicias, sino al corazón de la gestión de los recursos. Joaquín Santilli, delegado de los estudiantes, fue contundente al cuestionar por qué se prioriza una "entrada que nadie pidió" en lugar de garantizar condiciones dignas de cursado. Los alumnos denuncian que, mientras se planifica una obra estética millonaria, la facultad carece de accesibilidad adecuada para personas con movilidad reducida, señal de internet de calidad y espacios de merenderos suficientes para contener a la comunidad estudiantil.
La protesta se da en un contexto nacional de máxima sensibilidad por la Ley de Financiamiento Universitario. Los estudiantes vinculan la falta de transparencia local con el desfinanciamiento general, advirtiendo que, sin una gestión clara de los fondos existentes, la crisis de la educación pública solo se profundizará. Para los manifestantes, el presupuesto actual de la UNT debería ser una herramienta de supervivencia académica y no un recurso destinado a obras de maquillaje que no resuelven los problemas estructurales de fondo.
Otro de los ejes centrales del conflicto es la demanda de democratización. Las agrupaciones estudiantiles denuncian que nunca fueron consultadas sobre el destino de esos 375 millones y exigen canales de participación real en la toma de decisiones. Tras semanas de asambleas por carrera, los alumnos elevaron un petitorio con ocho puntos específicos a las autoridades, buscando que la "excelencia académica" que se le reconoce a la facultad sea acompañada por una infraestructura que no se caiga a pedazos.
Finalmente, el "ruidazo" marca apenas el inicio de un plan de lucha que promete escalar si no hay respuestas concretas. Los estudiantes sostienen que el presupuesto universitario es, ante todo, un fondo público que debe ser auditado por sus propios beneficiarios. En una provincia donde el costo de vida y el transporte ya asfixian el bolsillo de los jóvenes, la falta de inversión en lo básico dentro de la universidad es vista como la gota que rebasa el vaso de una paciencia que hoy se transformó en protesta ruidosa frente a la avenida. Benjamín Aráoz.
