El Mundial 2026, compartido entre México, Estados Unidos y Canadá, atraviesa un clima atípico en territorio azteca, donde la pasión tradicional parece diluida por la dispersión geográfica del torneo. A diferencia de otras ediciones, la euforia no domina las calles de forma unánime ni se percibe el clásico fervor. "No hay el mismo entusiasmo [...] estamos acostumbrados a que un mundial sea solamente en un país", destacó el periodista deportivo Diego Reyes, señalando que el ambiente festivo se limita casi exclusivamente a los perímetros de los Fanfest.
El inicio del certamen quedó ensombrecido por fuertes movilizaciones sociales en la capital, exponiendo una compleja realidad interna que contrastó con el evento deportivo. Maestros, campesinos y "madres buscadoras" convergieron cerca del Estadio Azteca para visibilizar sus reclamos urgentes ante los ojos del mundo. "La idea era que ni siquiera se jugara, a ese grado llegó a estar", detalló Reyes sobre las protestas que bloquearon de manera sorpresiva los accesos y generaron un caos total para las fuerzas de seguridad horas antes del silbatazo inaugural.
En este marco de alta tensión y enorme contraste económico, la ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la ceremonia de apertura constituyó un fuerte mensaje político. Ante los costos exorbitantes de las entradas, que rondaron los 20.000 pesos mexicanos, la mandataria optó por seguir el evento junto a los ciudadanos. Reyes explicó que "al estar cercana al pueblo y ser una presidenta de izquierda, prefería estar junto a la ciudadanía a comparación de ir a toda la polémica que hay alrededor de la FIFA".
A pesar de las fricciones sociales y las complejidades logísticas que dividen la atención, la expectativa deportiva sigue latente en torno a la selección mexicana, que se prepara con presión para su próximo duelo. Sintetizando el paradójico sentimiento de una afición local frente a un Mundial de alto costo pero de innegable arraigo cultural, Reyes concluyó que, aunque los boletos para los estadios resulten inaccesibles para la mayoría, "las playeras eso sí están agotadas, oficiales y no oficiales, de niño, de mujer, de hombre; no hay talla".