Pisada. Amague. Freno. Enganche. La cintura que se hamaca, y enseguida el latigazo. De zurda o de derecha, con chanfle o recto, con idéntica eficacia: el resultado son tres golazos en media hora. Con un Dembelé brillante, contra los suplentes de Noruega, el triunfo se abrochó rápido y certero: fue 4-1 y a pensar en los 16avos.
A los 7 minutos enganchó hacia afuera y metió el derechazo cruzado y a media altura que Egil Selvik ni vio pasar. En el minuto 19 el enganche lo hizo afuera del área y hacia la izquierda: zurdazo con comba abajo, contra el palo derecho, inatajable. Apenas pasada la media hora juntó todo en la coctelera: freno, pisada, cintura, dos enganches, y zurdazo calcado para acomodar la pelota en el mismo agujerito de la red que en el 2-0. Un recital memorable.
Dembélé fue el factor decisivo de un primer tiempo espectacular de Francia, cuyos jugadores le dedicaron a su técnico ausente (Deschamps viajó a su país debido al fallecimiento de su madre) una exhibición de fútbol ofensivo, con algunos matices añadidos a tener en cuenta para lo que viene. Por ejemplo, el espíritu con el que Kylian Mbappé esta afrontando el torneo. El delantero parisino no le embocó al arco esta vez, entre otras cosas porque hizo aquello que Luis Enrique le reclamaba sin éxito cuando coincidieron en el PSG, pensar en función de equipo. Asistió a Dembélé en los dos primeros tantos, retrocedió para recuperar alguna pelota y, sobre todo, su rostro expresa satisfacción y disfrute. Dialoga con compañeros y rivales con una sonrisa en la boca, acepta que lo sustituyan sin un mal gesto; y el equipo lo busca una y otra vez, consciente de que ahí tiene su as de espadas.
El bagaje es tan amplio que para la ocasión Francia ni siquiera necesitó de la visión en zonas interiores que Michel Olise viene demostrando en su nuevo puesto de pseudoenganche; tampoco de la imprevisible habilidad de un irregular Doué, que jugó empeñado en estrenar su casillero de goles (marcaría sobre la hora el que cerró el 4-1). Sí, en cambio, contó nuevamente con el aporte de Kouadio Koné en el medio, un volante mixto de múltiples cualidades que recuerda al Paul Pogba de Rusia 2018 y aplica para quedarse con el puesto.
Noruega se tomó el partido de forma muy distinta, casi con resignación desde que presentó la planilla. Diez cambios respecto al equipo que había vencido a Senegal, entre ellos Erling Haaland y Martin Odegaard, sus grandes figuras, le daban a priori una ventaja casi suicida a los franceses y la realidad lo confirmó muy rápido: a los 23 segundos del arranque, Mbappé ya había sacudido el travesaño con un derechazo.
Pese a todo, el equipo B de los nórdicos no defeccionó por completo. Un poco por su propio esfuerzo, y otro tanto por ciertas desatenciones del fondo francés que, por ejemplo, permitió que le hagan un gol desde el saque de centro luego del 2-0 (buena jugada y remate de Thelo Aasgaard). La capitulación definitiva del conjunto vikingo llegaría a los 4 de la segunda mitad, cuando Jorgen Strand Larsen ejecutó muy mal un penal que Theo Hernández le había cometido al zurdo Oscar Bobb y Mike Maignan lo rechazó sin demasiados problemas.
Francia completó de manera impecable su paso por la etapa de grupos. Ganó todo, marcó 10 goles y ya nadie discute su apuesta por darle el peso del equipo a la delantera. No debe haber, por el momento, otro equipo que haya demostrado la tenacidad de Francia, a excepción de Argentina. Todavía se espera que España se despierte y repita las actuaciones memorables que lo llevaron a ser campeones de Europa; que Brasil, bueno, vuelva a ser Brasil y nadie debería dar por sentado a Marruecos o Portugal. La primera fase esta llegando a su fin; esperan los 16avos, donde empieza el verdadero Mundial.
