El éxito de la Selección Argentina en el escenario global ha vuelto a poner en relieve la importancia de los clubes de barrio como semilleros de talentos, pero su rol fundamental va mucho más allá de la excelencia deportiva. Daniel Pasín, referente de la Confederación Argentina de Clubes de Barrio, destacó que el sistema nacional de instituciones deportivas es un ejemplo único en el mundo por su carácter asociativo. “Más de la mitad de los clubes de nuestro país tienen casi 100 años o más; si es un sistema exitoso que nos ha traído tantas alegrías, no solo en lo deportivo sino en la comunidad que se genera”, afirmó el dirigente sobre esta red que nuclea a 20.000 organizaciones.
La confrontación con el modelo de Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) es uno de los ejes centrales del debate actual. Según Pasín, la lógica mercantilista que impulsa el Gobierno nacional ignora la historia de éxitos del modelo asociativo, el cual contrapone a fracasos internacionales como los vistos en Brasil o Italia. “Ellos están formando un producto para después venderlo desde chiquitos; no están formando personas. Les interesa la materia prima para hacer plata, a diferencia de la esencia de los clubes de barrio, donde nuestro objetivo final es sacar a todos los chicos de la calle”, sentenció.
A pesar de su valor social, la situación actual de los clubes es de extrema vulnerabilidad debido a la falta de políticas públicas. La Ley 27.098, que debería proteger a estas instituciones, se encuentra sin reglamentación efectiva, dejando a los clubes a merced de tarifazos insostenibles. “Es urgente que se restablezcan las tarifas especiales para los clubes de barrio. Esperemos que la alegría y la euforia por el éxito deportivo se traduzcan en escuchar nuestros reclamos, porque tenemos que defender a los clubes por todo lo que representan”, reclamó el referente.
El impacto económico recae directamente sobre la capacidad de funcionamiento de entidades que, a menudo, operan con escasos recursos pero alta solidaridad. “Hoy estamos en apenas 200 clubes que tienen algún beneficio en todo el país. Esperemos que quienes utilizan el éxito deportivo políticamente también se preocupen y apliquen la tarifa diferencial, porque la situación se está poniendo cada vez más complicada para todos”, advirtió Pasín, enfatizando que el sostenimiento de estas organizaciones es vital para la contención de miles de jóvenes y adolescentes.
La persistencia del modelo cooperativo se mantiene inalterable frente a cualquier intento de privatización. Ante la consulta sobre la posibilidad de que el Gobierno insista en las SAD, el dirigente se mostró convencido de la resistencia del tejido social argentino: “Las sociedades anónimas no van a aprender nunca en nuestro país por la idiosincrasia propia de nuestra cultura. Somos 20.000 clubes de barrio convencidos de que el camino es el asociativismo, la empatía por el prójimo; no nos vamos a correr un centímetro”.
El compromiso del sector trasciende los resultados inmediatos y se enfoca en la construcción de ciudadanía diaria. Para Pasín, la desaparición de un club implica la pérdida de un espacio de igualación social donde distintas generaciones convergen. “Lamentablemente, por cada club de barrio que se desarma, surgen tres. Está en nuestra esencia: lo que antes era juntarse a jugar en el potrero, hoy es organizarse para sostener el club, que es el espacio donde, después de la escuela y la familia, los pibes encuentran refugio”, concluyó.