La memoria histórica y la labor educativa convergen este año en una serie de efemérides centrales para la docencia tucumana y nacional. Al cumplirse el centenario del nacimiento de Isauro Arancibia y 50 años de su cobarde asesinato junto a su hermano Arturo, la justicia provincial fijó el inicio del juicio oral para el próximo 3 de agosto. Este juzgamiento busca determinar las responsabilidades del terrorismo de Estado en un crimen que buscó disciplinar al sindicalismo docente. “Son 50 años sin justicia por el asesinato de los hermanos Arancibia e inició la dictadura dejando un mensaje claro de disciplinamiento hacia el docente”, subrayó el Lic. Domingo Brito, integrante del Ateneo Isauro Arancibia, remarcando que el dirigente fue “un hombre comprometido que decidió consagrar su vida por la opción preferencial por los pobres”.
El compromiso de Arancibia trascendió las aulas para involucrarse activamente en las luchas sociales de la región, apoyando las demandas de los trabajadores azucareros tras el cierre masivo de ingenios decretado en 1966. Su figura fue clave para la fundación de la Agremiación de Trabajadores de la Educación de Tucumán (ATEP) y la posterior articulación de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA). “Isauro Arancibia tuvo la convicción fuerte de tener un compromiso como dirigente gremial para apoyar la causa de la FOTIA y de tantas personas que procuraban por su trabajo”, afirmó Brito, agregando que “llegar a esta instancia de juicio oral da tranquilidad a la familia y alienta a no tener miedo para seguir luchando por un salario digno y una mejor calidad de vida”.
En el contexto contemporáneo, la labor cotidiana del maestro refleja una severa postergación salarial y una sobrecarga administrativa que contrasta con la importancia estratégica que debería tener la enseñanza pública. Quienes ejercen en escuelas rurales o de zonas vulnerables deben afrontar traslados complejos y asimilar múltiples funciones asistenciales que exceden el marco puramente pedagógico. “Lamentablemente es una profesión mal paga donde no se valoriza la tarea; en otros países se invierte en educación, ciencia y tecnología dando un salario justo, mientras que aquí el docente se pone a cuestas toda la institución”, recriminó el profesional en gestión educativa, quien advirtió sobre la falta de una inversión estatal sostenida que garantice condiciones de trabajo dignas para todo el cuerpo docente.
La institución escolar funciona hoy en día como la principal caja de resonancia de las complejas problemáticas comunitarias, donde el deterioro socioeconómico golpea directamente a las infancias y sus familias. Esta realidad exige de los maestros un nivel de contención emocional que desborda las aulas y requiere una respuesta institucional inmediata frente a la vulneración de derechos. “A pesar de la crisis, de los mensajes orientados al ajuste y de que solo se miren números o la macroeconomía dejando de lado a la persona humana, la escuela es la única institución que sigue acompañando y sosteniendo a la comunidad”, reflexionó el especialista, destacando que los educadores continúan trabajando con profunda resiliencia y compromiso diario pese a las severas adversidades del entorno.
A este panorama de privaciones materiales se suma la pérdida de pautas de convivencia y el aumento de las tensiones entre los adultos responsables y las instituciones educativas. La falta de límites en el hogar y la pretensión de responsabilizar únicamente a los docentes por el rendimiento académico complejizan el proceso de maduración de las nuevas generaciones. “Muchas veces los padres vienen con el cuchillo entre los dientes a reclamar por una nota, pero sostener un límite o un 'no' es parte del proceso de maduración; más que la nota, lo importante es el cariño, el límite oportuno y la contención para formar personas humanas de bien”, enfatizó Brito sobre la urgencia de revalorizar el diálogo constructivo entre la familia y la escuela.
Frente al avance de discursos de odio y la pérdida de valores comunitarios, las organizaciones de la sociedad civil instan a rescatar el ejemplo de solidaridad y ética pública que encarnaron los referentes magisteriales de la provincia. La formación de las futuras generaciones de profesores exige mantener viva la memoria pedagógica como una herramienta de transformación y afirmación de los derechos soberanos. “Isauro Arancibia encarnó la imagen del hombre solidario, íntegro y honesto que tuvo empatía con los más necesitados; debemos recuperar nuestras raíces, la empatía y la valoración de lo nuestro para seguir formando en valores a los futuros docentes que transmitirán esta historia en las escuelas”, concluyó.