La producción de arándanos de la Argentina está fundamentalmente dividida en dos regiones: Concordia (en Entre Ríos) y Tucumán. De allí es Francisco Estrada, un productor de esa fruta fina y además directivo de la asociación que agrupa a ese sector en su provincia.
Tucumán, es sabido, tiene serios problemas de desigualdad y pobreza, y el arándano contribuye a la generación de miles de puestos de trabajo sobre todo durante la época de cosecha, que arranca en un par de meses.
Estrada, de todos modos, advierte a la prensa que cuando las empresas del sector buscan mano de obra les cuesta mucho conseguirla. Mucha gente sigue sin querer ser incorporada a un régimen formalizado de trabajo rural por el temor a perder los planes sociales que cobran ellos o sus familias, en la órbita nacional o provincial.
Como presidente de la Asociación de Productores de Arándanos Tucumán, este agrónomo dice que este es el tema que más preocupa actualmente a las empresas productiva. Habla de “conflictividad en la disponibilidad de mano de obra formal para atender nuestro trabajo, que son las cosechas”.
Es difícil conseguir gente que quiera ser registrada para trabajar en blanco en la cosecha de arándanos los planes y la asistencia social impiden que los trabajadores puedan trabajar registrados y pierden los beneficios de hacerlo.
"El resultado es que nos cueste encontrar gente que quiera trabajar en forma formal, como debe ser, y eso para nosotros es un riesgo innecesario", aseguró Estrada.
En otras economías regionales hay mucha mano de obra informal. Pero para la producción de arándanos eso es imposible porque suelen estar certificados por los importadores de Estados Unidos y Europa, que exigen certificar que no tienen mano de obra en negro, trabajo infantil o trabajo esclavo.
"El tema laboral es una cuestión sensible, sobre todo para estos mercados, porque hay una cadena de corresponsabilidad entre el consumidor europeo o americano y la parte productiva. Todos tenemos que cumplir en la cadena productiva con las normas. Pero con esta situación a nosotros se nos hace cuesta arriba. Eso es algo que lo tiene que solucionar el gobierno, no nosotros", expresó Estrada.
Consultado sobre la vigencia del decreto nacional de compatibilidad firmado por el presidente Alberto Fernández, el productor indicó que no es aplicable para el caso de los contratistas, quienes son los que aportan la mayor cantidad de mano de obra para la labores del arándano.
"No funcionó porque falta algo, que es que ese beneficio es solamente aplicable a los trabajadores de las empresas agropecuarias y no abarcaba la parte de los contratistas, que son en definitiva quienes nos proveen la mayor cantidad de mano de obra en la época de cosecha. Nosotros no tenemos esa infraestructura para hacerlo y la naturaleza de nuestra actividad es proveernos de mano de obra a través de contratistas. Pero los contratistas quedaron afuera", dijo Estrada.
Esta situación no es la única que conspira contra el trabajo formal en las economías zafreras del agro, sino que Estrada suma otros factores que les restan competitividad a las empresas del sector a la hora de salir a disputar mercados con otros países productores de la fruta, como Chile o más recientemente Perú, que ha multiplicado varias veces su superficie en pocos años e inunda los mercados que antes se proveían desde la Argentina.
“Nuestra situación de competitividad país la estamos perdiendo, porque son muy aleatorias las normas conque tenemos que jugar. En un momento se nos cobraba para exportar con las retenciones, ahora las sacaron pero ponen otros impuestos. No tenés crédito, no tenés un montón de cosas que otros países sí tienen. Y los costos laborales son altísimos, sobre todo en la parte impositiva, que es lo que nosotros siempre criticamos. No el salario sino la parte impositiva de ese salario”, explicó el productor tucumano./bichosdecampo.com
