El gobierno de Javier Milei logró una victoria pírrica en el Congreso al blindar el núcleo de su polémica reforma laboral, ocultando bajo un manto de debates accesorios el verdadero impacto sobre los trabajadores. Mientras senadores y diputados se enfrascaban en discusiones sobre la coparticipación y las licencias introducidas de madrugada, el oficialismo consiguió aprobar el regresivo proyecto de reforma. Esta maniobra de distracción permitió avanzar con una flexibilización que elude deliberadamente el debate profundo sobre el deterioro cotidiano de las clases trabajadoras.
La esencia de este nuevo esquema radica en una brutal transferencia de recursos que desfinancia el sistema previsional para abaratar los costos de los despidos patronales. El politólogo Patricio Adorno fue tajante al respecto, destacando que en el recinto legislativo se desnudó la cruda y siniestra realidad del Fondo de Asistencia Laboral (FAL): "Los abuelos van a estar pagando los despidos o van a estar subsidiando los despidos de sus nietos". Al desviar aportes de la ANSES, el Estado debilita a sus jubilados para garantizar un mecanismo que facilita las cesantías.
Ahora, el verdadero desafío de la administración libertaria no radica en las victorias parlamentarias, sino en la inclemente realidad de la calle, donde la recesión golpea sin piedad. Adorno señala que el gobierno debe evitar a toda costa que la pérdida de puestos de trabajo se vuelva "pandémica o endémica", un punto de quiebre donde la crisis se generaliza. Si cada argentino comienza a tener en su entorno cercano a personas que perdieron su empleo por culpa de una situación generalizada, la confianza pública terminará por evaporarse rápidamente.
En este contexto de fragilidad, el presidente se mira en el espejo de sus predecesores, atrapado en la misma dinámica que frustró las reelecciones recientes. El analista advirtió: "El desafío central del gobierno de Javier Milei es evitar, si quiere aspirar a ser diferente a Alberto Fernández [...] y a diferencia de Mauricio Macri [...] una secuencia de cierres de empresas, de paralización de la capacidad productiva y de despidos". La historia reciente demuestra que la tolerancia social no soporta por demasiado tiempo gestiones que prometen inversiones pero entregan persianas bajas.
Lejos de los festejos oficiales, la aplicación práctica de esta reforma choca contra una pared de escepticismo empresarial y una creciente conflictividad latente en el mundo laboral. Mientras tanto, el poder adquisitivo continúa licuándose y las crecientes dudas sobre la veracidad de los índices de inflación oficiales comienzan a mellar la desgastada paciencia de la ciudadanía.
El horizonte de La Libertad Avanza se vislumbra minado por la inminente judicialización que la Confederación General del Trabajo (CGT) prepara contra esta normativa flexibilizadora. Mientras el presidente apela a discursos confrontativos para mantener cohesionada a su tropa, el descontento material se profundiza y lo obliga a sobreactuar conflictos que agotan a la opinión pública. Si el empleo registrado en blanco no detiene su caída abrupta en el próximo semestre, la celebrada victoria legislativa de hoy se convertirá inevitablemente en la condena política de mañana.