En una jornada marcada por el silencio de las persianas bajas en el microcentro tucumano, la Asociación Bancaria dio una muestra de fuerza contundente contra las políticas de ajuste del Gobierno Nacional. Cecilia Sánchez Blas confirmó un acatamiento total en todas las sucursales de la provincia, evidenciando el malestar de un sector que se siente blanco directo del programa económico libertario. La medida, enmarcada en el plan de lucha nacional de la CGT, paralizó no solo la atención al público sino también la reposición de cajeros automáticos en toda la jurisdicción.
La principal preocupación de la dirigencia gremial tucumana radica en el carácter regresivo de la reforma laboral que el oficialismo logró imponer a través del Congreso nacional. Para Sánchez Blas, el texto legislativo no representa una modernización, sino un ataque frontal a las conquistas históricas obtenidas por el movimiento obrero durante el último siglo. En sus propias palabras, el gremio considera que esta normativa es perjudicial en su totalidad para la clase trabajadora de la provincia. La secretaria general fue tajante al definir el impacto de las medidas legislativas: “Estamos volviendo 100 años atrás”, advirtió sobre la pérdida de derechos fundamentales.
El análisis de La Bancaria Tucumán va más allá de lo técnico y apunta al trasfondo ideológico de las medidas impulsadas por el equipo de Javier Milei. Según la líder sindical, el sector empresarial busca aprovechar este marco normativo para precarizar las condiciones de vida de los empleados de manera irreversible. Al respecto, denunció que las intenciones ocultas tras la flexibilización laboral tienen un tinte profundamente autoritario y anacrónico para el siglo veintiuno. “Lo que quieren los empresarios es volver a la esclavitud, quitarnos derechos”, sentenció Sánchez Blas, quien además remarcó que las leyes propuestas en la mentada reforma son abiertamente anticonstitucionales y vulneran pactos internacionales.
La contundencia de la protesta se hizo sentir especialmente en el cierre estratégico de los cajeros automáticos, una decisión tomada para garantizar que el reclamo no pase desapercibido por la sociedad. A pesar de los inconvenientes causados, el gremio destacó la comunicación previa con los clientes y el acompañamiento de los compañeros bancarios en cada rincón de la provincia. Salvo excepciones humanitarias puntuales en el interior, la parálisis fue absoluta, enviando un mensaje directo a la Casa Rosada desde el Jardín de la República.
Otro de los frentes de conflicto que agrava la situación de los bancarios tucumanos es el posible retorno del Impuesto a las Ganancias sobre los salarios, una promesa de campaña incumplida. Los trabajadores del sector ven con indignación cómo se pretende volver a gravar el esfuerzo personal mientras se otorgan beneficios impositivos a los sectores más concentrados de la economía. Para La Bancaria, el salario no es ganancia sino el sustento de miles de familias tucumanas que hoy sufren las consecuencias del ajuste.
El escenario futuro para los trabajadores bancarios de la provincia se perfila como una etapa de resistencia sostenida frente a lo que consideran un plan de entrega nacional. Sánchez Blas dejó en claro que la lucha no se agotará en esta jornada de paro, sino que continuará hasta que se reviertan los puntos más dañinos de la reforma laboral. La dirigencia tucumana se mantiene en alerta permanente, coordinando acciones con la CGT regional para defender cada puesto de trabajo en las entidades públicas y privadas. La advertencia final fue clara: la resistencia seguirá firme en las calles hasta que el Gobierno nacional escuche finalmente el clamor de todo el pueblo trabajador.