Según los relevamientos de las principales consultoras privadas, abril se encamina a romper una racha de diez meses consecutivos de aceleración. La clave de este respiro reside en una notable moderación en el precio de los alimentos y una estabilidad cambiaria que, gracias al ingreso de los dólares de la cosecha gruesa, está funcionando como un ancla para las expectativas de los consumidores.
Los números que manejan economistas de firmas como LCG y Fundación Capital son alentadores: el índice de precios al consumidor (IPC) volvería a perforar el piso del 3%, ubicándose, según las proyecciones más optimistas, entre un 2,5% y un 2,7%. Lo más destacado es el comportamiento de los alimentos básicos; en la segunda semana de abril, los precios llegaron incluso a registrar caídas marginales, algo impensado meses atrás. Esto se debe, en gran medida, a que el precio de la carne ya terminó de trasladar sus últimos aumentos de hacienda al mostrador, estabilizándose tras meses de subas asfixiantes.
Los obstáculos de un proceso que no es lineal
Sin embargo, cantar victoria sería apresurado, ya que la desinflación todavía enfrenta vallas importantes. El "arrastre" que dejó marzo en rubros regulados como los combustibles y el transporte público le pone un piso difícil de romper al índice general. Aunque los alimentos bajen el ritmo, el impacto de la nafta —que subió cerca de un 20% total el mes pasado— y los ajustes en las tarifas de gas y electricidad en regiones como el NOA siguen presionando el bolsillo. Los especialistas advierten que, si bien la tendencia es a la baja, el IPC "núcleo" sigue moviéndose en una zona de confort del 2,5% que es muy difícil de perforar.
Para nuestra región en particular, los datos de la consultora Analytica traen una nota positiva: el Noroeste Argentino (NOA) registró una de las variaciones más bajas del país en alimentos durante la tercera semana de abril, con apenas un 0,1%.
Este comportamiento local contrasta con la Patagonia, donde los aumentos fueron tres veces superiores. Aun así, el desafío para lo que resta de 2026 será recomponer los precios relativos y enfrentar un contexto internacional donde los insumos y la energía vuelven a encarecerse. Por ahora, el alivio de abril sirve para recomponer expectativas, pero la batalla definitiva contra los precios está lejos de terminar.
