22.04.26
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Pautas para identificar y combatir al peligroso caracol africano

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Eugenia Salas Oroño, investigadora de la Fundación Miguel Lillo, advirtió que esta especie invasora representa un peligro latente para la salud humana por ser portadora de diversos parásitos. Ante este escenario, se recomienda extremar las medidas de higiene en los hogares que posean huertas o jardines con vegetación densa. Los expertos instan a la comunidad a informar los hallazgos mediante los canales oficiales para coordinar acciones de control y evitar la dispersión de la plaga.
La presencia de este molusco en el ámbito urbano tucumano requiere de una identificación precisa para prevenir posibles contagios y controlar su rápida tasa de reproducción. Estos caracoles se caracterizan por su forma cónica, una punta bastante pronunciada y bandas oscuras y claras que los diferencian notablemente de las especies nativas locales. Salas Oroño explicó que su tamaño es una señal de alerta inmediata, ya que el ejemplar adulto "puede llegar hasta 15 o 20 cm de longitud" en condiciones óptimas. Es fundamental observar la coloración de la conchilla, la cual suele presentar un borde filoso y constante, a diferencia de los caracoles de jardín comunes. La vigilancia activa en los patios y frentes de las casas es la primera barrera de defensa para evitar que la población de estos individuos continúe creciendo.

Las precauciones en el hogar son determinantes para evitar que los parásitos ingresen al organismo, especialmente en familias con niños pequeños que suelen jugar en zonas de tierra. La investigadora enfatizó que, ante la sospecha de presencia del invasor en el jardín, lo ideal es "no tocarlos" de manera directa y utilizar siempre elementos de protección como guantes o bolsas. También es imperativo realizar un lavado exhaustivo de todas las frutas, verduras y plantas medicinales, como el aloe vera, que puedan haber estado en contacto con el rastro del animal. "Hay que recogerlos con bolsas para evitar esa contaminación", remarcó la especialista del Instituto Lillo al detallar los protocolos de seguridad. La prevención individual resulta clave para mitigar un problema que ya afecta a varios sectores de la capital.

En cuanto al control de la plaga, los expertos aclaran que el uso de venenos químicos convencionales no resulta efectivo debido a la resistencia biológica y los hábitos de desove de esta especie. La profesional fue categórica al señalar que "la única forma de erradicarlo es mecánicamente", lo que implica recolectar los individuos y sus huevos de forma manual para eliminarlos definitivamente. El procedimiento sugerido consiste en colocar los caracoles en bolsas herméticas, aplicarles abundante sal para asegurar su muerte y luego enterrarlos en lugares alejados. Se desaconseja rotundamente arrojar los ejemplares vivos a la basura domiciliaria, ya que al ser polífagos, podrían alimentarse de los desechos orgánicos y continuar su ciclo de expansión en los vertederos o campos aledaños.

Finalmente, la Fundación Miguel Lillo ha habilitado un asistente virtual y formularios en su sitio web oficial para que la comunidad pueda reportar y geolocalizar los hallazgos de forma segura. Salas Oroño instó a la población a informarse correctamente antes de tomar medidas drásticas, para evitar el sacrificio innecesario de caracoles autóctonos que cumplen funciones vitales. "No hay que matar a todos los caracoles que uno ve porque son recicladores naturales importantes", explicó la encargada de la colección de moluscos sobre el equilibrio ecológico. El trabajo articulado entre SENASA y los organismos provinciales busca contener la distribución de esta especie exótica para proteger tanto la salud pública como la biodiversidad de nuestra región.