05.05.26
Martes | 23:05

Orfandad digital: alertan por el agravamiento de los casos de bullying

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Paola Zabala, directora de la Comunidad Anti Bullying Argentina, advierte sobre la gravedad inusitada de los hechos de acoso escolar y la falta de recursos del Estado para equipos de orientación. Destaca la necesidad urgente de protocolos de actuación y una mayor formación digital para padres frente a la crisis de salud mental que atraviesan niños y adolescentes.

En el marco del Día Internacional contra el Bullying, Paola Zabala advirtió que los episodios actuales de acoso escolar presentan una "gravedad inusitada", habiéndose registrado incluso casos vinculados al uso de armas de fuego en instituciones educativas. La especialista remarcó la preocupante falta de respuesta del Estado en la provisión de recursos para que los colegios cuenten con equipos de orientación escolar, fundamentales en el contexto de crisis actual. "Lo que estamos viendo es que los casos se están reagravando y que falta una respuesta del Estado que otorgue recursos a la educación", señaló Zabala, enfatizando que la problemática ha escalado hacia niveles de violencia física y psicológica que demandan una intervención estructural e inmediata por parte de las autoridades competentes.

Uno de los ejes centrales de la problemática radica en lo que Zabala define como "orfandad digital", señalando que los adultos están más preparados para cuidar a los hijos en la vida real que en el mundo virtual. Para los jóvenes, el impacto de lo que sucede en el entorno digital tiene una repercusión directa en su realidad cotidiana, sin existir una distinción clara entre ambos mundos. Al respecto, la directora subrayó la falta de educación digital en los progenitores: "Los padres no saben cómo cuidarlos, les entregan un teléfono con acceso irrestricto a internet sin tener conciencia del daño potencial que generan cuando viralizan este tipo de bromas". Esta falta de supervisión deja a los niños vulnerables ante contenidos violentos o situaciones de ciberacoso que no logran dimensionar.

Respecto a la detección en el ámbito escolar, Zabala desmitificó la idea de que los casos sean difíciles de identificar, asegurando que solo hace falta voluntad de involucrarse y observar detenidamente la dinámica del recreo. Señales como el aislamiento social, la baja en el rendimiento escolar o el deterioro de pertenencias personales son indicadores claros de que un alumno está sufriendo hostigamiento por parte de sus pares. "Si vos como docente ves un chico en el recreo que está sentado solo o que nunca tiene con quién hacer un trabajo práctico, no es necesario ser profesional de la salud mental para verlo", explicó la especialista. La observación activa se presenta así como el primer "barómetro" fundamental para romper el silencio que suelen guardar las víctimas de acoso.

Para evitar la improvisación docente, la Comunidad Anti Bullying Argentina presentó en el Senado un proyecto de ley que establece protocolos de actuación obligatorios para todos los colegios del país. La iniciativa busca que los educadores reciban capacitaciones específicas y herramientas formales para abordar los conflictos de manera sistemática y no como una reacción aislada. Zabala defendió la necesidad de estas políticas públicas: "Es muy fácil responsabilizar al colegio, pero si no les estamos dando las herramientas y la formación, los docentes por sí solos no pueden hacer nada". El protocolo propuesto no solo apunta a la detección temprana, sino también a la posvención, garantizando un acompañamiento técnico una vez que el hecho de violencia ha sido debidamente identificado.

Finalmente, la experta hizo un llamado a los adultos para recuperar el vínculo afectivo y la escucha activa como herramientas preventivas frente a la alarmante crisis de salud mental. En una sociedad acelerada por dificultades económicas, los niños encuentran en conductas disruptivas o amenazas la única forma de "existir ante la mirada del adulto", según indicó Zabala. Citando el testimonio de una adolescente, resaltó la importancia de gestos elementales: "Necesitamos que nuestros padres nos miren, que nos escuchen, que nos abracen y nos pregunten cómo estamos". El acceso a la salud mental no debería ser un privilegio de quienes tienen recursos, sino una garantía para proteger a una generación que se siente sola frente a la pantalla y la violencia escolar.