El impacto del contexto socioeconómico actual se refleja con fuerza en los barrios populares del aglomerado urbano. La cocina comunitaria "Nueva Luz", un espacio de contención que funciona desde hace 24 años en el sector sudoeste de San Miguel de Tucumán, registró un incremento drástico en la cantidad de personas que acuden diariamente en busca de un plato de comida. Según advirtió Teresa Torres, coordinadora de la cocina, la demanda desbordó la capacidad que venían sosteniendo históricamente.
Las cifras expresan la dimensión del fenómeno que se vive en los sectores más vulnerables de la periferia. Desde el año 2022 el padrón de beneficiarios experimentó una suba exponencial al saltar de 27 a 77 familias registradas para retirar sus viandas. Esta variación representa una producción constante de 391 platos de comida por jornada, una dinámica que llevó al espacio a colocar carteles informando la falta de vacantes para nuevos asistentes.
Frente a esta coyuntura, el sostenimiento de la cocina recae en el esfuerzo de 37 madres del barrio Elena White distribuidas en diferentes turnos de trabajo. Torres reconoce que, a pesar de los aportes del Gobierno de la provincia, los recursos económicos resultan ajustados frente al proceso inflacionario actual, requiriendo maniobras permanentes en la planificación de los menús diarios.
Para sostener el funcionamiento, las trabajadoras comunitarias deben recurrir a estrategias de autogestión y optimización de los insumos disponibles. La combinación de partidas presupuestarias estables con actividades de recaudación propias, tales como bingos o rifas barriales, constituye la vía principal para cubrir el desfasaje económico de los costos alimentarios. Este esquema colaborativo permite mantener la cocina abierta de lunes a viernes y asegurar el abastecimiento de mercadería para los fines de semana.
Más allá del aspecto estrictamente alimentario, Torres contó que la institución expandió sus funciones hacia el desarrollo de talleres de formación laboral y espacios de contención social. Mediante un trabajo coordinado con áreas asistenciales, se dictan capacitaciones en panificación, repostería y oficios, además de ofrecer actividades recreativas y deportivas para niños. Este enfoque integral busca generar herramientas de autonomía económica que permitan a las participantes del espacio superar la situación de vulnerabilidad extrema.
La persistencia de estos espacios comunitarios evidencia el rol crítico que cumplen las organizaciones de base como red de contención en momentos de recesión. Las referentes barriales señalan que el objetivo prioritario continúa siendo fortalecer la estructura familiar y mantener la asistencia frente a los desafíos económicos. "Tenemos que hacer magia y ser realmente muy creativas. Todos somos uno solo. El sábado hicimos nuestro Día del Niño. Hicimos un esfuerzo grande, con bingos, con rifas, y pudimos lograr cosas maravillosas", sentenció.