25.08.26
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Crece la informalidad laboral y ya hay casi seis millones de trabajadores precarizados

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El economista Ernesto Mattos advirtió sobre el impacto del ajuste nacional en el mercado de trabajo y la proliferación de empleos de "subsistencia" sin aportes ni derechos. La caída del salario real, el cierre masivo de pequeñas empresas y el endeudamiento familiar configuran un escenario social de vulnerabilidad.
El deterioro de la economía nacional se manifiesta con dureza en el mercado de trabajo, donde el empleo registrado cede terreno frente al avance de la precariedad. Según analizó el economista e investigador Ernesto Mattos en diálogo con Prensa Multimedios, en Argentina existen casi seis millones de personas con empleo informal, una cifra que equipara prácticamente a la totalidad de la fuerza laboral que opera dentro del circuito privado formal. Esta equivalencia demuestra el impacto de la crisis en los ingresos familiares y la falta de alternativas laborales.

Ante la insuficiencia salarial o la pérdida del puesto formal, miles de hogares recurren a estrategias de subsistencia para generar recursos inmediatos. El especialista explicó que las familias deben idear estrategias donde "rompen la pared y ponen una verdulería o arman un negocio en el garage". Esta expansión del comercio minorista "en negro" representa una economía paralela de contención que intenta mitigar la constante pérdida del poder adquisitivo en los sectores medios y populares.

El repliegue de la actividad económica se profundiza por la parálisis de la obra pública nacional y el ahogo financiero a los estados provinciales por parte del Gobierno de Javier Milei. Mattos señaló que esta política afecta la conectividad en el interior y advirtió que las medidas actuales son "casi pandémicas para el sector productivo", tras el cierre de miles de pequeñas y medianas empresas. Sin financiamiento para infraestructura ni estímulos al consumo interior, el tejido industrial pyme sufre un vaciamiento sostenido de su capacidad instalada.

La brecha entre el costo de vida y los ingresos devino en un endeudamiento sistemático para cubrir consumos básicos y alimentos mediante canales financieros digitales. La desregulación de las tasas de interés impulsó el uso de aplicaciones de crédito que amortiguan la crisis pero imponen costos desmedidos sobre los usuarios precarizados. El investigador enfatizó que las familias recurren a estos mecanismos porque "la situación es grave y mucha gente no está comiendo en Argentina".

Frente a la licuación de los haberes y la falta de creación de empleo de calidad, el análisis proyecta mayores dificultades para el sostenimiento del sistema de seguridad social. La disminución de aportantes al sistema previsional por la suba del trabajo no registrado genera un círculo vicioso que deriva en nuevos recortes presupuestarios sobre las jubilaciones. Sin medidas de regulación estatal sobre los costos esenciales y el mercado financiero, la economía argentina avanza hacia una marcada fragmentación productiva y social.